domingo, 6 de diciembre de 2020


EL POSMODERNISMO EN LA LITERATURA


CONCEPTO:

Con el nombre de Posmodernismo se ha designado al periodo de transición entre el modernismo y otros movimientos como el vanguardismo.




EL POSMODERNISMO EN LATINOAMÉRICA

A partir de 1910, el modernismo perdió vigencia entre los poetas. Muchos de ellos comenzaron a rechazar el excesivo refinamiento modernista y el gusto por los temas palaciegos y decorativos.




Entre sus mejores cultores figuran:

RAMÓN LÓPEZ VELARDE (México)



POESÍA:

  • La sangre devota (1916)
  • Zozobra (1919)
  • La suave patria (1921)
  • El son del corazón (1932)
  • Silabario del corazón (1933)
   


 


PROSA:
  • El minutero (1923)
  • El don de febrero y otras prosas (1952)
  • Correspondencia con Eduardo J. Correa y otros escritos juveniles (1991)
  



PORFIRIO BARBA JACOB (Colombia)




  • Campiña florida (Barranquilla, 1907)
  • Canciones y elegías (México, 1933)
  • Rosas negras Guatemala, 1933)
  • Poemas intemporales (México, 1944)
  • Antorchas contra el viento (Bogotá, 1944)
  


 


  • El terremoto de San Salvador: narración de un sobreviviente (San Salvador, El Salvador, 1917)


ARTURO CAPDEVILA (Argentina)


POESÍA:

  • Jardines solos (1911)
  • Melpómene (1912)
  • El poema de Nenúfar (1915)
  • El libro de la noche (1917)
  • Córdoba azul (1940)
  • El libro del bosque (1948)
  • La fiesta del mundo (1921)
  • Los romances argentinos (1950)
  

  

 


DRAMA:
  • La Sulamita (1916) .- interpretación del episodio bíblico, donde el rey Salomón no desposa a la bella mujer Sulamita, permitiéndole unirse a un pastor de quien ella está enamorada.
  • El amor de Schehrazada (1918) .- la historia de la heroína (Las 1001 noches).
  • Zincalí (1927) .- este "poema escénico gitano" sirvió de base para la ópera homónima del compositor argentino Felipe Boero.
  • La casa de los fantasmas (1926) .- Tragicomedia en tres actos, crític de la burguesía porteña.
  • El divino Marqués (1930) .- Una biografía dramatizada del Marqués de Sade.
  • Branca d'Oria (1932) .- Subtitulada "Escenas de esta vida y de la otra".
  • Cuando el vals y los lanceros (1937) .- Tragicomedia en verso.
  • Consumación de Sigmund Freud (1946)
  • El jardín de Eva.
  

  




PROSA:
  • Arbaces, maestro de amor (1945) (novela)
  • Córdoba del recuerdo (1923)
  • La ciudad de los sueños (1925) (cuentos)
  • Babel y el castellano (1928) (ensayo sobre la lengua castellana, su evolución, sus influencias)
  • Las invasiones inglesas (1938)
  • Historia de Dorrego (1949)
  • El hombre de Guayaquil (1950)
  • Nueva imagen de Juan Manuel de Rosas (1945)
  • Rubén Darío, "un bardo rei" (1946)
  • Alfonsina:época, dolor y obra de la poetisa Alfonsina Storni (1948)
  • Consultorio gramatical de Urgencia. 
  • Rivadavia y el españolismo liberal de la revolución Argentina.
  • Remeditos de Escalada.
  • El pensamiento vivo de San Martín.
  • En la corte del virrey (Estampas de Evocación)
  • La infanta mendocina.
  • El popol Vuh (traducción al castellano del Maya Quiché)
  • Tierra mía (libro de viaje)

   

  


  

  


  

  


ENSAYOS:
  • Del libre albedrío. Soliloquio del alma en la noche (1923)
  • Revisión microbiana: sexto mensaje prandiólogico: 1.- la verdadera historia de los microbios 2.- De la microbiología a la microtoxiología: comprobaciones pradiolócias reveladores (1963)
  • El niño enfermo (séptimo mensaje prandiólogico) (1963)
  • Las enfermedades mentales como estrictamente somáticas (Nóveno mensaje prandiólogico) (1964)
  • Prandiología patológica, en el hombre, en el animal, en el árbol; aportaciones prandiológicas reveladoras sobre tuberculosis, degeneración adiposa, miopatía arterial, enfermedad de Bang y fitodemias (1960)
  • El cáncer: el cáncer tumoral; el cáncer leucémico; aportaciones prandiológicas reveladoras (1961)
  • La lepra; aportaciones prandiólogicas reveladoras (1961)
  • La ciencia de la nutrición (2010)
  

  


 


Y poetisas de gran calidad como:

ALFONSINA STORNI (Argentina)



POESÍA:

  • La inquietud del rosal (1916) 
  • El dulce daño (1918) 
  • Irremediablemente (1919)
  • Languidez (1920)
  • Ocre (1925)
  • Poemas de amor (1926)
  • Mundo de siete pozos (1934)
  • Mascarilla y trébol (1938)
  • Obra poética completa. Poesías completas (1968)
  

  

  



TEATRO:
  • Dos farsas pirotécnicas.
  • Teatro infantil (1950)
 



MISCELÁNEA:
  • Cinco cartas y una golondrina (1959)



DISCURSO/CONFERENCIA:
  • Entre un par de maletas a medio abrir y Las maneci (1939)



JUANA DE IBARBOUROU (Uruguay)



EN VERSO:

  • Las lenguas de diamante (1919)
  • Raíz salvaje (1922)
  • La rosa de los vientos (1930)
  • Perdida (1950)
  • Azor (1953)
  • Mensaje del escriba (1953)
  • Romances del destino (1955)
  • Oro y tormenta (1956)
  • La pasajera (1967)
  • Angor Dei (1967)
  • Elegía (1968)
  

  

  


EN PROSA:

  • El cántaro fresco (1920)
  • Ejemplario (1928) .- libro de lectura para niños.
  • Loores de Nuestra Señora (1934) .- comentarios a los nombres de la Virgen María.
  • Estampas de la Biblia (1934)
  • Chico Carlo (1944) .- cuentos autobiográficos sobre su infancia.
  • Los sueños de Natacha (1945) .- teatro infantil sobre temas clásicos.
  • Canto rodado (1958) .- libro de lecturas para escolares.
  • Diario de una Isleña (1967) .- prosa poética.
  • Juan soldado (1971) .- colección de dieciocho relatos.
  

  

 


GABRIELA MISTRAL (Chile), entre otras.



  • Desolación (1922)
  • Lecturas para mujeres (1923) .- destinadas a la enseñanza del lenguaje.
  • Ternura (1923) .- canciones de niños: rondas, canciones de la tierra, estaciones, religiosas, otras canciones de cuna.
  • Nubes blancas (1930) .- poesías, y La oración de la maestra.
  • Tala (1938)
  • Antología (1941) .- selección de la autora.
  • Los sonetos de la muerte y otros poemas elegíacos (1952)
  • Lagar (1954)
  • Recados (1957) .- contando a Chile.
  

  

  



CARACTERÍSTICAS:

RETORNO A LA REALIDAD INMEDIATA.- Se buscó el retorno de la emoción por las cosas humildes y simples, ya no lo exótico ni lo fantástico.

EL SENCILLISMO Y LA DEPURACIÓN DE LAS FORMAS DE EXPRESIÓN ARTÍSTICO.- Los escritores utilizan un lenguaje sencillo y claro, el refinamiento del lenguaje modernista con tanta decoración se limpia y se depura. Pero así, todavía se conserva la musicalidad en el verso por la utilización de imágenes sensoriales.



EL POSMODERNISMO PERUANO

Surge como un movimiento contrario a la generación arielista, crea nuevas expresiones poéticas y resalta el provincialismo. Una de sus manifestaciones fue la revista llamada "Colónida" dirigida por Abraham Valdelomar y animado por un grupo de poetas y escritores, entre los que destacan Federico More.



REPRESENTANTES:

Entre los más representativos están:

ABRAHAM VALDELOMAR PINTO

(1888 - 1919)


Escritor peruano nacido en Ica.
Pese a la brevedad de su vida y obra, está considerado una figura muy influyente en el medio intelectual y artístico del siglo XIX, esa atmósfera (o ilusión) de era refinada y decadente que el crítico Luis Alberto Sánchez ja llamado "la belle époque peruana". En poco tiempo, Valdelomar hizo de todo: periodismo, poesía, cuento, novela, teatro, ensayo, crítica... Cómo o hizo, con elegancia y entusiasmo, esa energía se comunicó a gente de su edad y aún menores, que lo vieron como un maestro capaz de guiar sus gustos e inquietudes; entre ellos, alguien de la talla de Vallejo. Aunque adoptó la pose de dandy y snb, supo reflejar también el entorno de la aldea pobre y sus callados ritos de una manera que anuncia las búsquedas del criollismo.
Este hombre que usó el aristocrático seudónimo de "El Conde de Lemos" y que gustaba firmar Val-del-omar, era en realidad un provinciano. 






Nacido en Ica y criado en Paracas, en la costa sur del Perú. Sus contactos con el mar y el mundo campesino son experiencias que dejaron huellas en su obra literaria.
Como activo periodista, retrató con finura la vida literaria y social de Lima en crónicas publicadas en revistas y periódicos como:
Los Balnearios,
El Comercio,
La Prensa,
La Crónica y 
Variedades, entre otros.

 

 


En 1911, tras hacer vida de cuartel y escribir unas páginas al respecto, publicó dos novelas breves:
"La ciudad muerta" y "La ciudad de los tísicos", de sabor decadente.

Tras su regreso en la política, recibió el encargo diplomático que lo llevó a Italia en 1913, etapa durante la cual maduró literalmente. Allí escribió su cuento más famoso "El Caballero Carmelo" que aparecería después (Lima, 1918) en el volumen de cuentos homónimo y por el cual se le considera un innovador del género. 

De regreso a Perú, prosiguió su labor periodística y en 1916, fundó la revista Colónida, considerada la mejor de su época en Lima, pese a durar sólo cuatro números. Ese mismo año algunas composiciones poéticas suyas aparecieron en un antología colectiva titulada "Las Voces Múltiples" (Lima, 1916); el resto de su poesía sólo se conoció póstumamente. Publicó también "Belmonte, el trágico" (Lima, 1918),"ensayo de una estética futura, a través de un arte nuevo", que él mismo advierte, poco tiene que ver con la crítica taurina.Su segundo libro suyo de cuentos, "Los hijos del Sol", inspirado en el pasado incaico, fue publicado después de su muerte (Lima, 1921).



En plena actividad política, sufrió un accidente en Ayacucho y murió a los 31 años, dejando una obra dispersa y desigual en la que el impulso hacia la novedad está atemperado por un sabor tradicional.

OBRAS:

EN NARRACIÓN:
Cuentos criollos:

  • El Caballero Carmelo (1918)
  • Los Ojos de Judas.
  • El vuelo de los cóndores.
  • El buque negro.
  • Yerba Santa.
  • La paraca.
  • Hebaristo, el sauce que murió de amor.
  

 


Cuentos exóticos:
  • El palacio de hielo.
  • La virgen de cera.
Cuento cinematográfico:
  • El beso de Evans.
Cuentos yanquis:
  • El círculo de la muerte (cuya primera versión se titulaba El suicidio de Richard Tennyson)
  • Tres senas, dos ases.
Cuentos chinos:
  • Las vísceras del superior o sea La historia de la poca vergüenza.
  • El hediondo pozo siniestro o sea La historia del Gran Consejo de Siké.
  • El peligro sentimental o La causa de la ruina de Siké.
  • Los Chin-Fu-Ton o sea La historia de los hambrientos desalmados.
  • Whong-Fau-Sang o sea La torva enfermedad tenebrosa.
Cuentos humorísticos:
  • La tragedia en una redoma.
  • La historia de una vida documentada y trunca.
  • La ciudad sentimental. Un cuento, un perro y un salto.
  • Breve historia veraz de un pericote.
  • Mi amigo tenía frío y yo tenía un abrigo cáscara de nuez.
  • Almas prestadas. Heliodoro, el reloj, mi nuevo amigo.
Cuentos incaicos:
  • Los hermanos Ayar.
  • El alma de la quena.
  • El alfarero (Sañu-Camayok).
  • El pastor y el rebaño de nieve.
  • Los ojos de los reyes, cuya primera versión se titulaba Chaymanta Huayñuy (Más allá de la muerte).
  • Chaymanta Huayñuy, cuya primera versión se titulaba "El hombre maldito".
  • El cantor errante.
  • El campo hacia el Sol.



Cuentos fantásticos:
  • El hipocampo de oro.
  • Finis desolatrix veritae.



NOVELAS CORTAS:
  • Yerba Santa (escrita en su adolescencia)
  • La ciudad muerta (1911)
  • La ciudad de los tísicos (1911)
  


ENSAYOS:
  • La psicología de las tortugas (1915)
  • Ensayo sobre la caricatura (1916)
  • El estómago de la Ciudad de los Reyes (1916)
  • Psicología del cerdo agonizante (1916)
  • Literatura de manicomio (1917)
  • Valores fundamentales de la danza (1917)
  • La psicología del gallinazo (1917)
  • Belmonte, el trágico (1918), etc.



EN POESÍA:
  • Tristitia (1916)
  • El hermano ausente en la cena de Pascua (1913) 
  • entre otros, aparecieron en el libro "Voces Múltiples", con poemas de otros poetas del grupo Colónida (1916).

EN TEATRO:
  • El vuelo (1911).- inspirado en el vuelo fatídico de Carlos Tenaud, pionero de la aviación peruana.
  • La Mariscala (1916) escrita en colaboración de José Carlos Mariátegui.
  • La Verdolaga (1917).- tragedia pastoril.
 


CRÓNICAS Y REPORTAJES:
  • Hacia el trono del sol (1910)
  • Con la argelina al viento (1910)
  • Crónicas de Roma (1913)
  • Reportaje al Señor de los Milagros (1915)
NARRACIONES Y CRÓNICAS HISTÓRICAS:
  • El sueño de San Martín (1917)
  • Los amores de Pizarro (1918)
BIOGRAFÍA:
  • La mariscala (biografía de Francisca Zubiaga de Gamarra).


EL MOVIMIENTO COLÓNIDA Y VALDELOMAR

Valdelomar empezó estruendosamente su vida literaria con el movimiento Colónida. Esto fue la raíz de la publicación de la revista Colónida, que tuvo cuatro números:
 Apareció el primero, el 5 de enero de 1916 (exhibe allí un óleo de Chocano en la portada);



El segundo lleva la fecha del 1 de febrero de ese año (cuya portada es de un óleo sobre Eguren dibujado por Valdelomar);




El tercero aparece el 1 de marzo (estos tres números tuvo como director a Valdelomar) en cuya carátula es un retrato al carbón sobre Percy Gibson.




El cuarto aparece el 1 de mayo de 1916, con un retrato de Javier Prado y con este número desaparece Colónida del escenario literario.



El germen de Colónida se gestó en los días del diario La prensa, allá por el año de 1915, y sus contertulios se reunían en el Palais Concert, que era una confitería o café literario muy al estilo francés, que quedaba en la calle Baquijano, de Lima (hoy Jirón de la Unión; Valdelomar, muy a su estilo decía que el Perú era Lima, Lima era el Jirón de la Unión y el Jirón de la Unión era el Palais Concert, y éste, no era más que él, así de ególatra era Valdelomar).
El "grupo" o "cenáculo" o "actitud" de Colónida, lo define Alfredo Gonzales Prada (Hijo de Manuel): "Si bien el grupo Colónida comenzó a formarse a mediados en 1915, tomó 'conciencia de grupo' durante la polémica con Juan José Reynoso (en diciembre del 15), cobró afirmación plena con la aparición de Colónida en enero de 1916 y, culminó en la publicación de Las voces múltiples en julio del mismo".
Colónida fue un fenómeno poético acaso un movimiento de pocos miembros, casi todos poetas jóvenes que tenían la particularidad de lo novedad y el dandismo iconoclasta. Todo contra el arte estancado y academicista. Colónida es una respuesta contra la chatura y la mediocridad literaria de entonces. Quién mejor para definirla con algunos conceptos de parte, de alguien que conoció a sus miembros como Luis Alberto Sánchez: "El nombre Colónida significa la ambición descubridora y pionera de los fundadores de la revista, era una secuela de la obra de Colón, un pie en un mundo nuevo: el de la nueva literatura...".

EL VUELO DE LOS CÓNDORES

(cuento)


Aquel día demoré en la calle y no sabía que decir al volver a casa. A las cuatro salí de la Escuela, deteniéndome en el muelle, donde un grupo de curiosos rodeaba a unas cuantas personas. Metido entre ellos supe que había desembarcado un circo.
-Ese es el barrista -decían unos, señalando a un hombre de mediana estatura, cara angulosa y grave, que discutía con los empleados de la aduana.
-Aquél es el domador. Y señalaban a un sujeto hosco, de cónica patilla, con gorrita, polainas, fuete y cierto desenfado en el andar. Le acompañaba una bella mujer con flotante velo lila en el sombrero; llevaba un perrillo atado a una cadena y una maleta.
-Éste es el payaso -dijo alguien.
El buen hombre volvió la cara vivamente:
-¡Qué serio!
-Así son en la calle.
Era éste un joven alto, de  movibles ojos, respingada nariz y ágiles manos. Pasaron luego algunos artistas más; y cogida de la mano de un hombre viejo y muy grave, una niña blanca, muy blanca, sonriente, de rubios cabellos, lindos y morenos ojos.
Pasaron todos. Seguí entre la multitud aquel desfile y los acompañé hasta que tomaron el cochecito, partiendo entre la curiosidad bullanguera de las gentes.
Yo estaba dichoso por haberlos visto. Al día siguiente contaría en la Escuela quiénes eran, cómo eran, y qué decían. Pero encaminándome a casa, me di cuenta de que ya estaba obscureciendo. Era muy tarde. Ya habrían comido. ¿Qué decir?
Sacóme de mis cavilaciones una mano posándose en mi hombro.
-¡Cómo! ¿Dónde has estado?
Era mi hermano Anfiloquio. Yo no sabía que responder.
-Nada -apunté con despreocupación forzada- que salimos tarde del colegio...
-No puede ser; porque Alfredito llegó a su casa a las cuatro y cuarto...
Me perdí. Alfredito era hijo de don Enrique, el vecino; le habían preguntado por mí y había respondido que salimos juntos de la Escuela.
No había más. Llegamos a casa. Todos estaban serios. Mis hermanos no se atrevían a decir palabra. Felizmente, mi padre no estaba y cuando fui a dar el beso a mamá, ésta sin darle la importancia de otros días, me dijo fríamente:
-Cómo jovencito, ¿éstas son horas de venir?... Yo no respondí nada. Mi madre agregó:
-¡Está bien!...
Metíme en mi cuarto y me senté en la cama con la cabeza inclinada. Nunca había llegado tarde a mi casa. Oí un manso ruido: levanté los ojos. Era mi hermanita. Se acercó a mí tímidamente.
-Oye -me dijo tirándome del brazo y sin mirarme de frente- , anda a comer...
Su gesto me alentó un poco. Era mi buena confidente, mi abnegada compañera, la que se ocupaba de mí con tanto interés como de ella misma.
¿Ya comieron todos? Le interrogué. -Hace mucho tiempo. ¡Si ya vamos a acostarnos! Ya van a bajar el farol...
-Oye, -le dije-, ¿y que han dicho?...
-Nada; mamá no ha querido comer...
Yo no quise ir a la mesa. Mi hermana salió y volvió al punto trayéndome a escondidas un pan, un plátano y unas galletas que le habían regalado en la tarde.
Anda, come, no seas zonzo. No te van a hacer nada... Pero eso sí, no lo vuelvas a hacer...
-No, no quiero.
-Pero oye, ¿dónde fuiste?...
Me acordé del circo. Entusiasmado pensé en aquel admirable circo que había llegado, olvidé a medias mi preocupación, empecé a contarle las maravillas que había visto. ¡Eso era un circo!
-Cuántos volatineros hay -le decía, un barrista con unos brazos muy fuertes; un domador muy feo, debe ser muy valiente porque estaba muy serio. ¡Y el oso! ¡En su jaula de barrotes, husmeando entre las rendijas!
¡Y el payaso!... ¡pero qué serio es el payaso! Y unos hombres, un montón de volatineros, el caballo blanco, el mono, con su saquito rojo, atado a una cadena. ¡Ah, es un circo espléndido!
-¿Y cuándo dan función?
-El sábado...
E iba a continuar, cuando apareció la criada:
-Niñita, ¡a acostarse!
Salió mi hermana. Oí en la otra habitación la voz de mi madre que la llamaba y volví a quedarme solo, pensando en el circo, en lo que había visto y en el castigo que me esperaba.
Todos se habían acostado ya. Apareció mi madre, sentóse a mi lado y me dijo que había hecho muy mal. Me riñó blandamente, y entonces claro concepto de mi falta. Me acordé de que mi madre no había comido por mí: me dijo que no se lo diría a papá, porque no se molestase conmigo. Que yo la hacía sufrir, que yo no la quería...
¡Cuán dulces eran las palabras de mi pobrecita madre! ¡Qué mirada tan pesarosa con sus benditas manos cruzadas en el regazo! Dos lágrimas cayeron juntas de sus ojos, y yo que hasta ese instante me había contenido no pude más y, sollozando, le besé las manos.
Ella me dio un beso en la frente. ¡Ah, cuán feliz era, qué buena era mi madre, que sin castigarme, me había perdonado!
Me dio después muchos consejos, me hizo rezar "el bendito", me ofreció la mejilla, que besé, y me dejó acostado.
Sentí ruido al poco rato. Era mi hermanita. Se había escapado de su cama descalza; echó algo sobre la mía, y me dijo volviéndose a ala carrera y de puntitas como había entrado:
-Oye, los dos centavos para ti, y el trompo también te lo regalo...
Soñé con el circo. Claramente aparecieron en mi sueño todos los personajes. Vi. Desfilar a todos los animales. El payaso, el oso, el mono, el caballo, y en medio de ellos, la niña rubia, delgada, de ojos negros, que me miraba sonriente. ¡Qué buena debía ser esa criatura tan callada y delgaducha! Todos los artistas se agrupaban, bailaba el oso, pirueteaba el payaso, giraba en la barra el hombre fuerte, en su caballo blanco daba vueltas al circo una bella mujer, y todo se iba borrando en mi sueño, quedando sólo la imagen de la desconocida niña con su triste y dulce mirada lánguida. Llegó el sábado. Durante el almuerzo, en mi casa, mis hermanos hablaron del circo. Exaltaban la agilidad del barrista, el mono era un prodigio, jamás había llegado un payaso más gracioso que "Confitito", que oso tan inteligente y luego... todos los jóvenes de Pisco iban a ir aquella noche al circo...
Papá sonreía aparentando seriedad. Al concluir el almuerzo sacó pausadamente un sobre.
-¡Entradas! -cuchichearon mis hermanos.
-Sí, entradas. ¡Espera!...
-¡Entradas! -insistía el otro.
El sobre fue al poder de mi madre.
Levantóse pasá y con él la solemnidad de la mesa; y todos saltando de nuestros asientos, rodeamos a mi madre.
-¿Qué es? ¿Qué es?...
-Estarse quietos o... ¡no hay nada!
Volvimos a nuestros asientos. Abrióse el sobre y ¡oh, papelillos morados!
Eran las entradas para el circo; venían dentro de un programa. ¡Con letras enormes y con los artistas pintados!
Mi hermano mayor leyó. ¡Que admirable maravilla!
El afamado barrista Kendall, el hombre de goma; el célebre domador Mister Glandys; la bellísima amazona Miss Blutner con su caballo blanco, el caballo matemático; el graciosísimo payaso "Confitito", el rey de los payasos del Pacífico, y su mono; y el extraordinario y emocionante espectáculo "El vuelo de los cóndores", ejecutado por la pequeñísima artista Miss Orquídea.
Me dio una corazonada. La niña no podía ser otra... Miss Orquídea. ¿Y esa niña frágil y delicada iba a realizar aquel prodigio? 
Celebraron alborozados mis hermanos el circo; y yo, pensando, me fui al jardín, después a la Escuela, y aquella tarde no atravesé palabra con ninguno de mis camaradas.
A las cuatro salí del colegio, y me encaminé a casa. Dejaba los libros cuando sentí ruido y las carreras atropelladas de mis hermanos.
-¡El "convite"! ¡El "convite"!...
-¡Abraham, Abraham! -gritaba mi hermanita -¡Los volatineros!
Salimos todos a la puerta. Por el fondo de la calle venía un grupo enorme de gente que unos cuantos músicos precedían. Avanzaron.
Vimos pasar la banda de músicos con sus bronces ensortijados y sonoros, el bombo iba delante dando atronadores compases, después en un caballo blanco, la artista Miss Blutner, con su ceñido talle, sus rosadas piernas, sus brazos desnudos y redondos.
Precioso atavío llevaba el caballo, que un hombre con casaca roja y un penacho en la cabeza, lleno de cordones, portaba de la brida: después iba Mister Kendall, en traje de oficio, mostrando sus musculosos brazos, en otro caballo. Montaba el tercero Miss Orquídea, la bellísima criatura, que sonreía tristemente; enseguida el mono, muy engalanado, caballero en un asno pequeño, y luego "Confitito", rodeado de muchedumbre de chiquillos que palmoteaban a su lado llevando el compás de la música.
En la esquina se detuvieron y "Confitito" entonó al son de la música esta copla:
Los jóvenes de este tiempo usan flor en el ojal y dentro de los bolsillos no se les encuentra un real...
Una algaraza estruendosa coreó las últimas palabras del payaso. Agitó éste su cónico gorro, dejando al descubierto su pelada cabeza.
Rompió el bombo la marcha y todos se perdieron por el fin de la plazoleta hacia los rieles del ferrocarril para encaminarse al pueblo.
Una nube de polvo los seguía y nosotros entramos a casa nuevamente, en tanto que la caravana multicolor y sonora se esfumaba detrás de los toñuces, en el salitroso camino.
Mis hermanos apenas comieron. No veíamos la hora de llegar al circo. Vestímonos todos, y listos, nos despedimos de mamá.
Mi padre llevaba su "Carlos Alberto".
Salimos, atravesamos la plazuela, subimos la calle del tren, que tenía al final una baranda de hierro, y llegamos al cochecito, que agitaba su campana. Subimos al carro, sonó el pitear de partida; una trepidación; soltosé el breque, chasqué el látigo, y las mulas halaron.
Llegaron por fin al pueblo y poco después al circo. Estaba éste en una estrecha calle. Un grupo de gente se estacionaba en la puerta que iluminaban dos grandes aparatos de bencina de cinco luces.
A la entrada, en la acera, había mesitas, con pequeños toldos, donde en floreados vasos con las armas de la patria estaba la espumosa blanca chicha de maní, la amarilla de garbanzo y la dulce de "bonito", las butifarras que eran panes en cuya boca abierta el ají y la lechuga ocultaban la carne; los platos con cebollas picadas en vinagre, la fuente de "escabeche" con sus yacentes pescados, "la causa", sobre cuya blanda masa reposaba graciosamente el rojo de los camarones, el morado de las aceitunas, los pedazos de queso, los repollos verdes y el "pisco" oloroso, alabado por las vendedoras...
Entramos por un estrecho callejoncito de adobes, pasamos un espacio pequeño donde charlaban gentes, y al fondo, en un inmenso corralón, levantábase la carpa. Una gran carpa, de la que salían gritos, llamadas, piteos, risas. Nos instalamos. Sonó la campanada.
-¡Segunda! -gritaron todos, aplaudiendo.
El circo estaba rebosante. La escalonada muchedumbre formaba un gran círculo, y delante de los bajos escalones, separada por un zócalo de lona, la platea, y entre ésta y los palcos que ocupábamos nosotros, un pasadizo. Ante los palcos estaba la pista, la arena donde iban a realizarse las maravillas de aquella noche.
Sonó largamente otro campanillazo.
-¡Tercera! ¡Bravo, bravo!
La música comenzó con el programa:
"Obertura por la banda". Presentación de la compañía. Salieron los artistas en doble fila.
Llegaron al centro de la pista y saludaron a todas partes con una actitud uniforme, graciosa y peculiar; en el centro, Miss Orquídea con su admirable cuerpecito, vestido de punto, con zapatillas rojas, sonreía.
Salió el barrista, gallardo, musculoso, con sus negros, espesos y retorcidos bigotes. ¡Que bien peinado! Saludó. Ya estaba lista la barra, pendió de curvas, de brazos, de vientre; hizo rehilete y, por fin, dio un gran salto mortal y calló en la alfombra, en el entro del circo. Gran aclamación.
Agradeció. Después todos los números del programa. Pasó Miss Blutner corriendo en su caballo; contó éste con la pata desde uno hasta diez; a una pregunta que le hizo su ama de si dos y dos eran cinco, contestó negativamente con la cabeza, en convencido ademán. Salió Mister Glandys con su oso; bailó éste acompasado y socarrón, piruteó el mono, se golpeó varias veces el payaso y, por fin, el público exclamó al terminar el segundo entreacto:
-¡El Vuelo de los Cóndores!
Un estremecimiento recorrió todos mis nervios. Dos hombres de casaca roja pusieron en el circo, uno frente a otro, unos estrados altos, altísimos, que llegaban hasta tocar la carpa. Dos trapecios colgados del centro mismo de ésta oscilaban, sonó la tercera campanada y apareció entre dos artistas Miss Orquídea con su apacible sonrisa; llegó al centro, saludó graciosamente, colgóse de una cuerda y la ascendieron al estrado. Paróse en él delicadamente, como una golondrina en un alero breve. La prueba consistía en que la niña tomase el trapecio que, pendiendo del centro, le acercaban con unas cuerdas a la mano, y, colgada de él, atravesara el espacio, donde otro trapecio la esperaba, debiendo en la gran altura cambiar de trapecio y detenerse nuevamente en el estrado opuesto.
Se dieron las voces, se soltó el trapecio opuesto, y en el suyo la niña se lanzó mientras el bombo -detenida la música- producía un ruido siniestro y monótono. ¡Qué miedo, qué dolorosa ansiedad!
¡Cuánto habría dado yo porque aquella niña rubia y triste no volase!
Serenamente realizó la hazaña. El público silencioso y casi inmóvil la contemplaba y cuando la niña se instaló nuevamente en el estrado y saludó, segura de su triunfo, el público la aclamó con vehemencia.
La aclamó mucho. La niña bajó, el público seguía aplaudiendo. Ella, para agradecer hizo unas pruebas difíciles en la alfombra, se curvó, su cuerpecito se retorcía como un aro, y enroscada, giraba como un extraño monstruo, el cabello despeinado, el color encendido. El público aplaudía más, más. El hombre que la traía en el muelle de la mano habló algunas palabras con los otros. La prueba iba a repetirse.
Nuevas aclamaciones. La pobre niña obedeció al hombre adusto casi inconscientemente. Subió. Se dieron las voces. El público enmudeció, el silencio se hizo en el circo y yo hacía votos, con los ojos fijos en ella, porque saliese bien de la prueba. Sonó una palmada y Miss Orquídea se lanzó... ¿Qué le pasó a la niña? Nadie lo sabía. Cogió mal el trapecio, se soltó a destiempo, titubeó un poco, dio un grifo profundo, horrible pavoroso y cayó como una avecilla herida en el vuelo. Sobre la red del circo, que la salvó de la muerte. Rebotó en ella varias veces. El golpe fue sordo. La recogieron, escupió y vi mancharse de sangre su pañuelo, perdida en brazos de esos hombres y en medio del clamor de la multitud.
Papá nos hizo salir, cruzamos las calles, tomamos el cochecito y yo, mudo y triste, oyendo los comentarios, no sé qué cosas pensaba contra esa gente. Por primera vez comprendí entonces que había hombres muy malos...
Pasaron algunos días. Yo recordaba siempre con tristeza a la pobre niña; la veía entrar al circo, vestida de punto, sonriente, pálida; la veía después caída, escupiendo sangre en el pañuelo, ¿dónde estaría? El circo seguía funcionando. Mi padre no quiso que fuéramos más. Pero ya no daban el Vuelo de los Cóndores. Los artistas habían querido explotar la piedad del público haciendo palpable la ausencia de Miss Orquídea.
El sábado siguiente, cuando había vuelto de la Escuela, y jugaba en el jardín con mi hermana, oímos música o 
-¡El convite! ¡Los volatineros!...
Salimos en carrera loca. ¿Vendría Miss Orquídea?...
¡Con que ansia vi acercarse el desfile! Pasó el bombo sordo con sus golpes definitivos, los músicos con sus bronces ensortijados, platillos estridentes, los acróbatas, y después, después el caballo de Miss Orquídea, solo, con un listón negro en la cabeza... Luego el resto de la farándula, el mono impasible haciendo sus eternas muecas sin sentido...
¿Dónde estaba Miss Orquídea?...
No quise ver más; entré a mi cuarto y por primera vez, sin saber por qué, lloré a escondidas la ausencia de la pobrecita artista.
Algunos días más tarde, al ir, después de almuerzo, a la Escuela, por la orilla del mar, el pie de las casitas que llegan hasta la ribera y cuyas escalas mojan las olas a ratos, salpicando las terrazas de madera, sentéme a descansar, contemplando el mar tranquilo y el muelle, que a la izquierda quedaba.
Volví la cara al oír unas palabras en la terraza que tenía a mi espalda y vi algo que me inmovilizó. Vi una niña muy pálida, muy delgada, sentada, mirando desde allí el mar. No me equivocaba: era Miss Orquídea, en un gran sillón de brazos, envuelta en una manta verde, inmóvil.
Me quedé mirándola largo rato. La niña levantó hacía mí los ojos y me miró dulcemente. ¡Cuán enferma debía estar! Seguí a la Escuela y por la tarde volví a pasar por la casa. Allí estaba la enfermita, sola. La miré cariñosamente desde la orilla; esta vez la enferma sonrió, sonrió. ¡Ah, quién pudiera ir a su lado a consolarla! Volví al otro día, y al otro, y así durante ocho días.
Éramos como amigos. Yo me acercaba a la baranda de la terraza, pero no hablábamos. Siempre nos sonreíamos mudos y yo estaba mucho tiempo a su lado.
Al noveno día me acerqué a la casa. Miss Orquídea no estaba. Entonces tuve una sospecha: había oído decir que el circo se iba pronto.
Aquel día salía el vapor. Eran las once, crucé la calle y atravesé el jirón de la Aduana. En el muelle vi a algunos de los artistas con maletas y líos, pero la niña no estaba. Me encamine a la punta del muelle y esperé en el embarcadero. Pronto llegaron los artistas en medio de gran cantidad del pueblo y de granujas que rodeaban al mono y al payaso. Y entre Miss Blutner y Kendall, cogida de los brazos, caminando despacio, tosiendo, tosiendo, tosiendo, la bella criatura.
Metíme entre las gentes para verla bajar al bote desde el embarcadero. La niña buscó algo con los ojos, me vio, sonrió muy dulcemente conmigo y me dijo al pasar junto a mí:
-Adiós...
-Adiós...
Mis ojos la vieron bajar en brazos de Kendall al botecillo inestable; la vieron alejarse de los mohosos barrotes del muelle; y ella me miraba triste con los ojos húmedos; sacó su pañuelo y lo agitó mirándome; yo la saludaba con la mano, y así se fue esfumando, hasta que sólo se distinguía el pañuelo como una ala rota, como una paloma agonizante, y por fin, no se vio más  que el bote pequeño que se perdía tras el vapor...
Volví a casa, y a las cinco, cuando salí de la Escuela, sentado en la terraza de la casa vacía, en el mismo sitio que ocupara la dulce amiga, vi perderse a lo lejos en la extensión marina el vapor, que manchaba con su cabellera de humo el cielo sangriento del crepúsculo.

Abraham Valdelomar



SONETO DEL HERMANO AUSENTE

(poema)


La misma mesa antigua y holgada, de nogal,
Y sobre ella la misma blancura del mantel
Y los cuadros de caza de anónimo pincel
Y la oscura alacena, todo, todo está igual...

Hay un sitio vacío en la mesa hacia el cual
mi madre tiende a veces su mirada de miel
y se musita el nombre del ausente;
pero él hoy no vendrá a sentarse en la mesa pascual.

La misma criada pone, sin dejarse sentir,
la suculenta vianda y el plácido manjar;
pero no hay la alegría ni el afán de reír
que animaran antaño la cena familiar;

y mi madre que acaso algo quiere decir,
ve el lugar del ausente y se pone a llorar...


Abraham Valdelomar




JOSÉ MARÍA EGUREN 

(1874 - 1942)


La vida de José María Eguren apenas rozó la realidad debido al ensimismamiento que lo caracterizaba y a la fragilidad de su salud, que se manifestaba con los accesos de fiebre que frecuentemente lo atacaban (y que le impidieron asistir a la escuela). De niño vivió en la hacienda Chuquitanta, donde el padre trabajaba como administrador, pero hacia 1900, luego de quedar huérfano, se trasladó al distrito de Barranco, en Lima, con sus dos hermanas mayores. Entonces ya era un lector empedernido y disciplinado que, con los años, asumiría el puesto de director de bibliotecas y Museos Escolares del Ministerio de Instrucción, gracias a su amigo José Gálvez Barrenechea.
En la poesía de Eguren se da el tenue toque con lo real, al menos en contraposición a las corrientes revolucionarias que maduraban en su tiempo. Eguren sostenía la idea de las "CORRESPONDENCIAS" entre el mundo sensible y el espiritual, incluso mediante recursos como la cinestesia o la conciencia máxima del cuerpo.
El mundo poético de Eguren se asemeja a un sueño infantil poblado de elfos, damas del bosque, reyes, princesas, imágenes estáticas de objetos profundamente simbólicos. Su poesía se integra con el desarrollo de artes visuales, como la pintura y la fotografía, en las que ahonda con ese sentido onírico y hasta fantasmal que lo haría decir poco antes de morir: "Vivo cercando el misterio de las palabras y las cosas que nos rodean".

Eguren fue un artista versátil, con un especial amor por la pintura y la fotografía, que con gran curiosidad lo encandilaba. Vivió fascinado por los colores y las formas, y allí tenemos los sugestivos poemas "Los reyes rojos", "Peregrin", "Cazador de figuras", ...
En 1892 participó con un óleo en la "Exposición Nacional de 1892, en Lima.
Para fines de la década de 1910 su vocación, por la pintura, gozó de algún reconocimiento de las élites culturales del país. Y es que Eguren, siendo un delicado pintor de imágenes casi oníricas, pasaría la "prueba de fuego" al contar con la venia del maestro Teófilo Castillo (1857 - 1922), quien era para los asuntos de artes plásticas la autoridad máxima.
En la revista "Variedades" de 1919 don Teófilo dijo del poeta-pintor: "Sus paisajes limeños son tan auténticamente limeños, que resultan únicos, cual jamás los ha visto nadie. Creo que ningún pintor, sea nacional o extranjero, ha llegado a dar con mayor exactitud y justeza la nota pictórica del cielo de Lima y su campiña que Eguren".



                                                  Casas lejanas vagas acuarelas sobre tela
                                Colección Luis Alayza y Paz Soldán Biblioteca Nacional, Perú


José María Eguren amaba la fotografía:"Espejo luminoso del alma", la llamó alguna vez en su ensayo "Filosofía del objetivo" de 1931, dejándonos entender la trascendencia que tenía para él. En cualquier descripción que se hiciese del poeta siempre se mencionaba la presencia de la cámara miniatura que llevaba en el chaleco, cámara de su propia invención, hecha a partir de un tinterillo de madera.
José María fotografiaba paisajes, animales, escenas de la vida diaria y, con especial dedicación, retrataba personas, reflejando el antiguo anhelo del hombre por reiterar su propia imagen, forma metafórica del humano procrear: "La reproducción es necesaria para la perennidad de la vida; el retrato es el reflejo de esta misma ley natural (Filosofía del objetivo)".
Hoy en día aún se conservan unas 500 minifotografía tomadas por José María Eguren.



                                                    Retrato miniatura tomado por Eguren
                                                    con la cámara de su propia invención.


Eguren vive en momentos en los que la cultura y la política buscaban integrarse en un proyecto revolucionario. José Carlos Mariátegui tenía la última palabra en este complejo proceso que aglutinaba a intelectuales y creadores. Pero la digresión que representó Eguren para esa tendencia produjo que Mariátegui hiciera una observación que pone de relieve la ubicuidad del poeta: "Eguren representa en nuestra literatura a la poesía pura; porque su poesía no tiene máculas ideológicas, morales, religiosas o costumbristas e ignora lo erótico y lo civil". Entre los mundos reales, prefirió un universo propio que expandió a la medida de su poesía.
El poeta simbolista, que siempre vestía de negro y caminaba todos los días desde Barranco hasta su trabajo en el centro de Lima, publicó libros como "Simbólicas" y "La canción de las figuras", donde da cuenta de su extraordinario y tantas veces incomprendido talento. Para algunos era un poeta extraño y desconectado de la realidad. Para otros, un mago de las palabras capaz de recrear un mundo de ensueño poblado de personajes fantásticos, probablemente extraídos de aquella infancia negada. No en vano, en una de esas largas caminatas diarias, le contestó al escritor Ciro Alegría -con la inocencia que caracteriza a los niños- su último gran proyecto: la construcción de un castillo hecho con palitos de fósforo.

OBRAS:

POESÍAS:
Primeras ediciones:
  • Simbólicas (1911)
Es un libro de poesía que se centra mucho en lo mágico y la naturaleza, en un mundo solitario en donde las cosas suceden como en un sueño.


  • La canción de las figuras (1916)
Es una obra en la que está muy presente la presencia de la muerte. Aquí encontramos poemas como:
la sangre y
la niña de la lámpara azul.


                                                            

  • De simbólicas a rondinelas (1929)
Es un compendio de varias de las poesías, entre ellas:

La niña de la garza,
El Dios cantado,
Las señas,
Tiza blanca.

  



Prosa:

  • Motivos estéticos (1959)






JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO Y OSMA

(1885 - 1944)



VI Marqués de Montealegre de Aulestia y V Marqués de Casa-Dávila, fue un historiador, ensayista y político peruano. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la cual fue posteriormente catedrático. Fue miembro de la llamada Generación del 900 o "generación arielista", junto a Víctor Andrés Belaunde, Francisco García Calderón Rey, Ventura García Calderón, Óscar Miró Quesada de la Guerra, José Gálvez Barrenechea, entre otros. Fue un polígrafo notable y entre sus obras se cuentan tratados de derecho, historia literaria, historia del Perú, filosofía jurídica y pensamiento religioso, muchas de las cuales han tenido gran impacto e influencia fundamental en el desarrollo de la cultura peruana. Su pensamiento siguió una trayectoria cambiante evolucionando desde un liberalismo juvenil hacia un severo conservadurismo afianzado en el cristianismo. No se casó ni dejó sucesión. La mayor parte de su fortuna (compuesta de fundos agrícolas y obras de arte) los dejó a la Pontificia Universidad Católica del Perú, convirtiéndose así en el principal benefactor de esta institución.


OBRAS:
  • Carácter de la literatura del Perú independiente (1905)
  • La historia en el Perú (1952)
  • Concepto del derecho (1911)
  • Elogio del Inca Garcilaso de la Vega (1916)
  • Un canto de Santa Rosa: el conde de la Granja (1919) 
  • El Perú histórico y artístico (1921)
  • La correspondencia de la Audiencia de Lima (1549 - 1564) (1922)
  • Añoranzas (1932)
  • Discurso del Colegio Recoleta (1932)
  • Discursos académicos (1935)
  • El primer alcalde de Lima, Nicolás de Ribera El viejo, y su posteridad (1935)
  • Civilización peruana; época prehispánica (1937)
  • Lope de Vega (1937)
  • Por la verdad, la tradición y la patria (1937 -1938)
  • Estudios sobre literatura francesa (1944)
  • Paisajes peruanos (1955)

  

  

 







RETO:

En una hoja bond, realiza lo siguiente:

1.- Elabore un resumen sobre la vida de Pedro Abraham Valdelomar Pinto y su fotografía.

2.- Elabore un resumen sobre la vida de José María Eguren Rodríguez y su fotografía.

3.- Elabore un resumen sobre la vida de José de la Riva Agüero y Osma y su fotografía.


RECUERDA: Éste trabajo lo guardarás en un folder que será el portafolio donde archivarás las evidencias de tu trabajo y tus aprendizajes.


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