EL MODERNISMO EN LA LITERATURA PERUANA
El modernismo nació en Hispanoamérica hacia el último tercio del siglo XIX. Fue fundado por el nicaragüense Rubén Darío en 1888, cuando publicó el libro "Azul".
En el Perú, el modernismo se formalizó en 1906 cuando José Santos Chocano publicó el poemario "Alma América".
El modernismo es la primera y única escuela literaria oriunda de América y que incluso influyó en Europa.
Significó la emancipación cultural de América respecto de España.
Es la literatura de una sociedad que se va modernizando, es decir, maquinizando y deshumanizando, por lo cual el interés por el arte declina progresivamente.
CARACTERÍSTICAS:
- SENSUALIDAD.- La belleza se manifiesta a través de los sentidos y la sugerencia (herencia del simbolismo francés).
- MUSICALIDAD.- Dado que la música es el arte por excelencia, se asocia a la poesía mediante la innovación del ritmo y la cadencia (herencia del parnasianismo francés).
- EXOTISMO E IRREALIDAD.- Se manifiesta la rebeldía ante los temas cotidianos y vulgares del realismo y aparecen en las obras, hadas, gnomos, cisnes, princesas, visiones de países lejanos y tiempos remotos.
- ELEGANCIA.- En la búsqueda de la armonía verbal, el término justo, novedoso, la palabra perfecta.
- COSMOPOLITISMO.- El modernismo reúne una diversidad de estilos y culturas.
EXPONENTES:
JOSÉ SANTOS CHOCANO
(1985 - 1934)
Nació en Lima en 1875, en el seno de una familia de clase media. Se le reconocía como un intelectual de vida polémica y exagerada, por su actitud ególatra. Incursionó tempranamente en la vida política y cultural del Perú con gran suceso: adepto de Cáceres, luego apoyó a Piérola, en cuyo régimen ostentó cargos de importancia; dirigió el diario "El Peruano"; participó en la Revolución mexicana como secretario de Pancho Villa. Fue asesor del dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera, tras cuyo derrocamiento salvó de morir fusilado junto con el tirano. Fue galardonado como "Poeta excelso del Perú" por Leguía en 1922. Su espíritu aventurero lo llevó a incursionar en la explotación del caucho y la búsqueda de oro en la selva, con sendos fracasos.
Asesinó a Edwin Elmore, periodista de "El Comercio", pero fue absuelto y luego viajó a Chile. Fue asesinado en Santiago de Chile, en 1934, por un ingeniero vesánico de nombre Martín Bruce Badilla, un supuesto socio. Sus restos fueron repatriados en 1965 y sepultados en Lima, según su voluntad, en forma vertical.
ESTILO:
- Aliento épico, vigoroso y exaltado.
- Capacidad descriptiva con imágenes metafísicas sumamente luminosas y sugerentes.
- Preocupación por la valoración de lo americano, tanto del paisaje como la historia.
- Riqueza expresiva que se manifiesta en el ritmo elaborado y la imagen colorida.
OBRA:
LÍRICA:
- Iras santas (1895).- poesías. composiciones de protesta cívica.
- En la aldea (1895).- es un florilegio de sonetos inspirados en el paisaje rural.
- Azahares (1896).- versos líricos. poemas amatorios, dedicados a su novia Consuelo Bermúdez.
- Selva virgen (1898).- inspirada en los paisajes naturales del Perú.
- La epopeya del morro (1941).- poema americano. inspirado en un episodio histórico: la batalla de Arica de 1880, donde se inmolaron un grupo de peruanos defendiendo el suelo patrio.
- El derrumbe (1899).- poema americano. es un vasto poema argumentado cuyo escenario es la selva.
- El canto del siglo (1901).- poema finisecular. Es un recuerdo de episodios y valores históricos del siglo XIX.
- El fin de Satán y otros poemas (1901)
- Poesías completas (1902)
- Los cantos del Pacífico (1904).- recopilación selecta de su poesía para el público francés.
- Alma América (1906).- poemas indo-españoles.
- Flit Lux (1908).- antología poética, donde divide sus creaciones en tres clases: Clásicos, Románticos y Modernistas.
- El dorado:epopeya salvaje (1908).- poemario.
- Puerto Rico lírico y otros poemas (1914)
- Ayacucho y los Andes (1924).- canto IV de una trunca epopeya dedicada al libertador Bolívar.
- Primicia de oro de Indias (1934).- poemas neo-mundiales. Selección de poesías realizadas por el mismo autor; es una edición artística, con ilustraciones.
- Poemas del amor doliente (1937).- dedicada a Margarita Aguilar Machado, su tercera pareja.
- Oro de Indias (1940 - 1941).- colección de sus poemas organizados de manera cíclica en cuatro volúmenes: Pompas Sociales; Fantasía Errante; Sangre Incaica (Estampas Neoyorquinas y Madrileñas); y Nocturnos Intensos.
- Páginas de oro (1944).- que reúne poesías juveniles y facsímiles de manuscritos originales, junto con algunos documentos gráficos de su vida.
TEATRO:
- Sin nombre (1896)
- El nuevo Hamlet (1899)
- Vendimiario (1900)
- Ingénito (1902)
- El hombre sin mundo (1903)
- Mundo rural y urbano
- Los conquistadores (1906)
PROSA:
- Los fines de la Revolución Mexicana (1914).- considerados dentro del problema internacional.
- Idearium tropical (1922).- apuntes sobre las dictaduras organizadas y la gran farsa democrática.
- La coronación de José Santos Chocano (1924)
- El libro de mi proceso (1927 - 1928).- escritas durante su prisión de 1925 - 1927 en torno al juicio que sufrió a consecuencia del asesinato de Edwin Elmore.
- El escándalo de Leticia ante las conferencias de Río de Janeiro (1933).- folleto sobre el conflicto peruano-colombiano de 1932-1933.
- El alma de Voltaire y sus prosas (1940).- reflexiones literarias.
- Memorias. Las mil y una aventuras (1940).- recopilación de sus artículos de carácter autobiográfico, publicados en diversos diarios de América.
CLEMENTE PALMA
(1872 - 1946)
Fue un escritor peruano modernista y crítico literario. Fue director de la revista "Variedades" por 23 años (1908 - 1931). Fue hijo del intelectual Ricardo Palma y medio hermano de la escritora Angélica Palma.
OBRAS:
- Excursión literaria (1897)
- Dos tesis (1897).- contiene:
- El porvenir de las razas y
- Filosofía y arte.
- El Perú (1898).- ensayo
- Cuentos malévolos (1904)
- Mors ex vita (1918).- novela breve.
- La cuestión de Tacna y Arica y la conferencia de Washington (1922).- artículo sobre el tema aparecidos.
- Historietas malignas (1925).- contiene la novela breve Mors ex vita más tres cuentos.
- XYZ (1935).- novela.
- Don Alonso Henríquez de Guzmán y el primer poeta sobre la conquista de América (1935).-
- Había una vez un hombre..., (1935).- artículos políticos en defensa del gobierno del depuesto Augusto Leguía.
- Crónicas político-doméstico-taurinas (1938)
- La nieta del oidor (1913)
LOS OJOS DE LINA
(cuento)
El teniente Jym de la Armada inglesa era nuestro amigo. Cuando entró en la Compañía Inglesa de Vapores le veíamos cada mes y pasábamos una o dos noches con él en alegre francachela. Jym había pasado gran parte de su juventud en Noruega, y era un insigne bebedor de wisky y de ajenjo; bajo la acción de estos licores le daba por cantar con voz estentórea lindas baladas escandinavas, que después nos traducía.
Una tarde fuimos a despedirnos de él a su camarote, pues al día siguiente zarpaba el vapor para San Francisco. Jym no podía cantar en su cama a voz en cuello, como tenía costumbre, por razones de disciplina naval, y resolvimos pasar la velada refiriéndonos historias y aventuras de nuestra vida, sazonando las relaciones con sendos sorbos de licor.
Serían las dos de la mañana cuando terminamos los visitantes de Jym nuestras relaciones; sólo Jym faltaba y le exigimos que hiciera la suya. Jym se arrellanó en un sofá; puso en una mesita próxima una pequeña botella de ajenjo y un aparato para destilar agua; encendió un puro y comenzó a hablar del modo siguiente:
No voy a referiros una balada ni una leyenda del Norte, como en otras ocasiones; hoy se trata de una historia verídica, de un episodio de mi vida de novio.
Ya sabéis que, hasta hace dos años, he vivido en Noruega; por mi madre soy noruego, pero mi padre me hizo súbdito inglés. En Noruega me casé . Mi esposa se llama Axelina o Lina, como yo la llamo, y cuando tengáis la ventolera de dar un paseo por Christhianía, id a mi casa, que mi esposa os hará con mucho gusto los honores.
Empezaré por deciros que Lina tenía los ojos más extrañamente endiablados del mundo. Ella tenía diez y seis años y yo estaba loco de amor por ella, pero profesaba a sus ojos el odio más rabioso que puede caber en corazón de hombre. Cuando Lina fijaba sus ojos en los míos me desesperaba, me sentía inquieto y con los nervios crispados; me parecía que alguien me vaciaba una caja de alfileres en el cerebro y que se esparcían a lo largo, de mi espina dorsal; un frío doloroso galopaba por mis arterias, y la epidermis se me erizaba, como sucede a la generalidad de las personas al salir de un baño helado, y a muchos al tocar una fruta peluda, o al ver el filo de una navaja, o al rozar con las uñas el terciopelo, o al escuchar el frufrú de la seda o al mirar una gran profundidad. Esa misma sensación experimentaba al mirar los ojos de Lina. He consultado a varios médicos de mi confianza sobre este fenómeno y ninguno me ha dado la explicación; se limitaban a sonreír y a decirme que no me preocupara del asunto, que yo era un histérico, y no sé qué otras majaderías... Y lo peor es que yo adoraba a Lina con exasperación, con locura, a pesar del efecto desastroso que me hacían sus ojos. Y no se limitaban estos efectos a la tensión álgida de mi sistema nervioso; había algo más maravilloso aún, y es que cuando Lina tenía alguna preocupación o pasaba por ciertos estados psíquicos y fisiológicos, veía yo pasar por sus pupilas, al mirarme, en la forma vaga de pequeñas sombras fugitivas coronadas por puntitos de luz, las ideas; sí, señores, las ideas. Esas entidades inmateriales e invisibles que tenemos todos o casi todos, pues hay muchos que no tienen ideas en la cabeza, pasaban por las pupilas de Lina con formas inexpresables. He dicho sombras porque es la palabra que más se acerca. Salían por detrás de la esclerótica, cruzaban la pupila y al llegar a la retina destellaban, y entonces sentía yo que en el fondo de mi cerebro respondía una dolorosa vibración de las células, surgiendo a su vez una idea dentro de mí.
Se me ocurría comparar los ojos de Lina al cristal de la claraboya de mi camarote, por el que veía pasar, al anochecer, a los peces azorados con la luz de mi lámpara, chocando sus estrafalarias cabezas contra el macizo cristal, que por su espesor y convexidad, hacia borrosas y deformes sus siluetas. Cada vez que vela esa parranda de ideas en los ojos de Lina me decía yo: ¡Vaya!: ¡Ya están pasando los peces! Sólo que éstos atravesaban de un modo misterioso la pupila de mi amada y formaban de un modo misterioso la pupila de mi amada y formaban su madriguera en las cavernas oscuras de mi encéfalo.
Pero ¡bah!, soy un desordenado. Os hablo del fenómeno sin haberos descrito los ojos y las bellezas de mi Lina. Lina es morena y pálida: sus cabellos undosos se rizaban en la nuca con tan adorable encanto, que jamás belleza de mujer alguna me sedujo tanto como el dorso del cuello de Lina, al sumergirse en la sedosa negrura de sus cabellos. Los labios de Lina, casi siempre entreabiertos, por cierta tirantez infantil del labio superior, eran los rojos que parecían acostumbrados a comer fresas, a beber sangre o a depositar la de los intensos rubores; probablemente esto último, pues cuando las mejillas de Lina se encendían, palidecían aquéllos. Bajo esos labios había unos dientes diminutos tan blancos, que iluminaban la faz de Lina, cuando un rayo de luz jugaba sobre ellos. Era para mí una delicia ver a Lina morder por cerezas de buena gana me hubiera dejado morder por esa deliciosa boquita, a no ser por esos ojos endemoniados que habitaban más arriba. ¡Esos ojos! Lina, repito, es morena, de cabellos, cejas y pestañas negras. Si la hubierais visto dormida alguna vez, yo os hubiera preguntado: ¿De qué color creéis que tiene Lina los ojos? A buen seguro que, guiados por el color de su cabellera, de sus cejas y pestañas me haríais respondido: negros. ¡Que chasco! Pues, no, señor; los ojos de Lina tenían color, es claro, pero ni todos los oculistas del mundo, ni todos los pintores habrían acertado a determinarlo ni a reproducirlo. Los ojos de Lina eran de un corte perfecto, rasgados y grandes; debajo de ellos una línea azulada formaba la ojera y parecía como la tenue sombra de sus largas pestañas.
Hasta aquí, como veis, nada hay de raro; éstos eran los ojos de Lina cerrados o entornados; pero una vez abiertos y lucientes las pupilas, allí de mis angustias.
Nadie me quitará de la cabeza que, Mefistófeles tenía su gabinete de trabajo detrás de esas pupilas. Eran ellas de un color que fluctuaba entre todos los de la gama, y sus más complicadas combinaciones. A veces me parecían dos grandes esmeraldas, alumbradas por detrás por luminosos carbunclos. Las fulguraciones verdosas y rojizas que despedían se irisaban poco a poco y pasaban por mil cambiantes, como las burbujas de jabón, luego venía un color indefinible, pero uniforme, a cubrirlos todos, y en medio palpitaba un puntito de luz, de lo más mortificante por los tonos felinos y diabólicos que tomaba. Los hervores de la sangre de Lina, sus tensiones nerviosas, sus irritaciones, sus placeres, los alambicamientos y juegos de su espíritu, se denunciaban por el color que adquiría ses punto de luz misteriosa.
Con la continuidad de tratar a Lina llegué a traducir algo los brillores múltiples de sus ojos. Sus sentimentalismos de muchacha romántica eran verdes, sus alegrías, violadas, sus celos amarillos, y rojos sus ardores de mujer apasionada. El efecto de estos ojos en mí era desastroso. Tenían sobre mí un imperio horrible, y en verdad yo sentía mi dignidad de varón humillada con esa especie de esclavitud misteriosa, ejercida sobre mi alma por esos ojos que odiaba como a personas. En vano era que tratara de resistir; los ojos de Lina me subyugaban, y sentía que me arrancaban el alma para triturarla y carbonizarla entre dos chispazos de esas miradas de Luzbel. Por último, con el alma ardiente de amor y de ira, tenía yo que bajar la mirada, porque sentía que mi mecanismo nervioso llegaba a torsiones desgarradoras, y que mi cerebro saltba dentro de mi cabeza, como un abejorro encerrado dentro de un horno. Lina no se daba cuenta del efecto desastroso que me hacían sus ojos.
Todo Christhianía se los elogiaba por hermosos y a nadie causaban la impresión terrible que a mí: sólo yo estaba constituido para ser la víctima de ellos. Yo tenía reacciones de orgullo; a veces pensaba que Lina abusaba del poder que tenía sobre mí, y que se complacía en humillarme; entonces mi dignidad de varón se sublevaba vengativa reclamando imaginarios fueros, y a mi vez me entretenía en tiranizar a mi novia, exigiéndola sacrificios y mortificándola hasta hacerla llorar. En el fondo había una intención que yo trataba de realizar disimuladamente; sí, en esa valiente sublevación contra la tiranía de esas pupilas estaba embozada mi cobardía: haciendo llorar a Lina la hacía cerrar los ojos, y cerrados los ojos me sentía libre de mi cadena. Pero la pobrecilla ignoraba el arma terrible que tenía contra mí; sencilla y candorosa, la buena muchacha tenía un corazón de oro y me adoraba y me obedecía. Lo más curioso es que yo, que odiaba sus hermosos ojos, era por ellos que la quería. Aun cuando siempre salía vencido, volvía siempre a luchar contra esas terribles pupilas, con la esperanza de vencer. ¡Cuántas veces las rojas fulguraciones del amor me hicieron el efecto de cien cañonazos disparados contra mis nervios!Por amor propio no quise revelar a Lina mi esclavitud.
Nuestros amores debían tener una solución como la tienen todos: o me casaba con Lina o rompía con ella. Esto último era imposible, luego tenía que casarme con Lina. Lo que me aterraba, de la vida de casado, era la perduración de esos ojos que tenían que alumbrar terriblemente mi vejez. Cuando se acercaba la época en que debía pedir l mano de Lina a su padre, un rico armador, la obsesión de los ojos de ella me era insoportable. De noche los veía fulgurar como ascuas en la oscuridad de mi alcoba; veía al techo y allí estaban terribles y porfiados; miraba a la pared y estaban incrustados allí; cerraba los ojos y los veía adheridos sobre mis párpados con una tenacidad luminosa tal, que su fulgor iluminaba el tejido de arterias y venillas de la membrana. Al fin , rendido, dormía, y las miradas de Lina llenaban mi sueño de redes que se apretaban y me estrangulaban el alma. ¿Qué hacer? Formé mil planes; pero no sé sí por orgullo, amor, o por una noción del deber muy grabada en mí espíritu, jamás pensé en renunciar a Lina.
El día en que la pedí, Lina estuvo contentísima. ¡Oh, cómo brillaban sus ojos y qué endiabladamente! La estreché en mis brazos delirantes de amor, y al besar sus labios sangrientos y tibios tuve que cerrar los ojos casi desvanecido.
- ¡Cierra los ojos, Lina mía, te lo ruego! Lina, sorprendida, los abrió más, y al verme pálido y descompuesto me preguntó asustada, cogiéndome las manos:
- ¿Qué tienes, Jym?... Habla. ¡Dios Santo!...
¿Estás enfermo? Habla.
- No... perdóname; nada tengo, nada... -le respondí sin mirarla.
- Mientes, algo te pasa...
- Fue un vahído, Lina... Ya pasará...
- ¿Y por qué querías que cerrara los ojos? No quieres que te mire, bien mío.
No respondí y la miré medroso. ¡Oh!, allí estaban esos ojos terribles, con todos sus insoportables chisporroteos de sorpresa, de amor y de inquietud.
Lina, al notar mí turbado silencio, se alarmó más. Se arrodilló sobre mis rodillas, cogió mi cabeza entre sus manos y me dijo con violencia:
- No, Jym, tú me engañas, algo extraño pasa en ti desde hace algún tiempo: tú has hecho algo malo, pues sólo los que tienen un peso en la conciencia no se atreven a mirar de frente. Yo te conoceré en los ojos, mírame, mírame.
Cerré los ojos y la besé en la frente.
- No me beses, mírame, mírame.
- ¡Oh, por Dios, Lina, dejame!...
- ¿y por qué no me miras? -insistió casi llorando.
Yo sentía honda pena de mortificarla y a la vez mucha vergüenza de confesarle mi necedad:
- No te miro, porque tus ojos me asesinan; porque les tengo un miedo cerval, que no me explico, ni puedo reprimir -callé, pues, y me fui a mi casa, después que Lina dejó la habitación llorando.
Al día siguiente, cuando volví a verla, me hicieron pasar a su alcoba: Lina había amanecido enferma con angina. Mi novia estaba en cama y la habitación casi a oscuras.
¡Cuánto me alegré de esto último! Me senté junto al lecho, le hablé apasionadamente de mis proyectos par el futuro. En la noche había pensado que lo mejor para que fuéramos felices, era confesar mis ridículos sufrimientos. Quizá podríamos ponernos de acuerdo... Usando anteojos negros... quizá.
Después que le referí mis dolores, Lina se quedó un momento en silencio.
- ¡Bah, que tontería! -fue todo lo que contestó.
Durante veinte días no salió Lina de la cama y había orden del médico de que no me dejaran entrar. El día en que Lina se levantó me mandó llamar. Faltaban pocos días para nuestra boda, y ya había recibido infinidad de regalos de sus amigos y parientes. Me llamó Lina par mostrarme el vestido de azahares, que le habían traído durante su enfermedad, así como los obsequios. La habitación estaba envuelta en una oscura penumbra en la que apenas podía yo ver a Lina; se sentó en un sofá de espaldas a la entornada ventana, y comenzó a mostrarme brazaletes, sortijas, collares, vestidos, una paloma de alabastro, dijes, zarcillos y no sé cuánta preciosidad. Allí estaba el regalo de su padre, el viejo armador: consistía en un pequeño yate de paseo; es decir, no estaba el yate, sino el documento de propiedad; mis regalos también estaban y también el que Lina me hacía, consistente en una cajita de cristal de roca, forrada con terciopelo rojo.
Lina me alcanzaba sonriente los regalos y yo, con galantería de enamorado, le besaba la mano. Por fin, trémula, me alcanzó la cajita. -Mírala a la luz -me dijo- son piedras preciosas, cuyo brillo conviene apreciar debidamente. Y tiró de una hoja de la ventana.
Abrí la caja y se me erizaron los cabellos de espanto; debí ponerme monstruosamente pálido. Levanté la cabeza horrorizado y vi a Lina que me miraba fijamente con unos ojos negros, vidriosos e inmóviles. Una sonrisa, entre amorosa e irónica, plegaba los labios de mi novia, hechos con zumos de fresas silvestres. Salté desesperado y cogí violentamente a Lina de la mano.
- ¿Qué has hecho, desdichada? -¡Es mi regalo de boda! -respondió tranquilamente. Lina estaba ciega.
Como huéspedes azorados estaban en las cuencas unos ojos de cristal, y los suyos, los de Lina, esos ojos extraños que me hab{ian mortificado tanto, me miraban amenazadores y burlones desde el fondo de la caja roja, con la misma mirada endiablada de siempre...
Cuando terminó Jym, quedamos todos en silencio, profundamente emocionados. En verdad que la historia era terrible. Jym tomó un vaso de ajenjo y se lo bebió de un trago. Luego nos miró con aire melancólico. Mis amigos miraban, pensativos, el uno la claraboya del camarote y el otro la lámpara que se bamboleaba a los balances del buque. De pronto, Jym soltó una carcajada burlona, que cayó como un enorme cascabel en medio de nuestras meditaciones.
- ¡Hombres de Dios! ¿Creéis que haya mujer alguna capaz del sacrificio que os he referido? Si los ojos de una mujer os hacen daño, ¿sabéis cómo lo remediará ella? Pues arrancándoos los vuestros para que no veáis los suyos. No; amigos míos, os he referido una historia inverosímil cuyo autor tengo el honor de presentaros.
Y nos mostró, levantando en alto su botellita de ajenjo, que parecía una solución concentrada de esmeraldas.
VENTURA GARCÍA CALDERÓN
(1886 - 1959)
Fue un escritor, diplomático y crítico peruano. Residió la mayor parte de su vida en París y buena parte de su obra está escrita en francés. Fue, por tanto, un escritor bilingüe. Como tal se desenvolvió bajo el influjo modernista y perteneció a la Generación del 900 o arielista.
Destacó en varios géneros literarios, pero muy especialmente en el cuento, siendo su obra más representativa su colección titulada "La venganza del cóndor". Son notables también sus poesías y crónicas. Pero más amplia y fructífera fue su labor como crítico y antologista de la literatura del Perú y de América Latina.
CUENTOS:
- Dolorosa y desnuda realidad (1914)
- La venganza del cóndor (1924 - 1948).- de esta colección forman parte los cuentos: "La venganza del cóndor, Coca, Fue en el Perú, La llama blanca y Yacu-Mama, entre otros.
- Danger de mort o Peligro de muerte (1926)
- Si Loti hubiera venido (1926).- donde narra un viaje imaginario al Perú realizado por el novelista francés Pierre Loti.
- Couleur de sang o Color de sangre (1931)
- Virages (1933)
- Cuentos peruanos (1952)
POESÍA:
- Frívolamente (1908)
- Cantilenas (1920)
DRAMAS:
- Holofernes (1931).- drama sincopado.
- Ella y yo (1955)
- La vie est-elle un songe? (1958)
- La Perricholi (1959)
ENSAYOS Y CRÓNICAS:
- Une enquête littéraire: Don Quichotte á Paris et dans les tranchées (1916)
- Bajo el clamor de las sirenas (1919)
- Semblanzas de América (1920)
- En la verbena de Madrid (1920)
- El nuevo idioma castellano (1924)
- Sonrisas de París (1926)
- Aguja de marear (1936)
- Vale un Perú (1939)
- Instantes del Perú (1941)
ENSAYOS CRÍTICOS DE LA LITERATURA PERUANA:
- Del romanticismo al modernismo (1910)
- La literatura peruana 1535 - 1914 (1914)
- Nosotros (1946)
COMO ANTOLOGADOR:
- Parnaso peruano (1910 y 1915)
- Los mejores cuentos americanos (1924)
- Récits de la vie américaine (1925)
LA VENGANZA DEL CÓNDOR
(cuento)
Nunca he sabido despertar a un indio a puntapiés. Quiso enseñarme este arte triste, en un puerto del Perú, el capitán Gonzáles, que tenía tan lindo látigo con puño de oro y un jeme de plomo por contera.
-Pedazo de animal -vociferaba el capitán atusándose los bigotes donjuanescos-. Así son todos estos bellacos. Le ordené que ensillara a las cinco de la mañana y ya lo ve usted, durmiendo como un cochino a las siete. Yo, que tengo que llegar a Huaraz en dos días...
El indio dormía vestido a la intemperie con la cabeza sobre una vieja silla de montar. Al primer contacto del pie, se irguió en vilo, desperezándose. Nunca he sabido si nos miran bajo el castigo, con ira o con acatamiento. Más como él tardara un tanto en despertar a este mundo de su dolor cotidiano, el militar le rasgó la frente de un latigazo. El indio y yo nos estremecimos; él, por la sangre que goteaba en su rostro como lágrimas; yo, porque llevaba todavía en el espíritu prejuicios sentimentales de bachiller. Detuve del brazo a este hombre enérgico y evité una segunda hemorragia.
-¡Badajo! -repetía el verdugo, mirándome con ojos severos-. Así hay que tratar a estos bárbaros. Usted no sabe, doctor.
El capitán Gonzáles me había conferido el grado universitario al ver mis botas relucientes, mi poncho nuevo, que no curtieron los vientos, y estas piedades cándidas de limeño. Anoche mismo, después de ganarme, en la pobre fonda del puerto, cinco libras peruanas al chaquete, me adoptaba ya con una sonrisa paternal, diciendo: "Pues hacemos juntos el viaje hasta Huaraz, mi doctorcito. Ya verá usted cómo se divierte con mi palurdo, un indio bellaco que en todas las chozas tiene comadres. Estuvo el año pasado a mi servicio, y ahora el prefecto, amigo mío, acaba de mandármelo para que sea mi ordenanza. ¡Le tiene un miedo a este chicotillo!"
Tuve que admirar por largo rato el tejido habilísimo de aquel "chicotillo" de junco que iba estrechándose al terminar en un cono de bala. En los flancos de las bestias y de los indios aquello era sin duda irresistible.
Resonaba otra vez en el patio de la fonda la voz marcial:
-¿Y el pellón negro, so canalla? Si no te apuras, vas a probar cosa rica.
- Ya trayendo, taita.
El indio se hundió en el pesebre en busca del pellón que no vino jamás. Diez, veinte, treinta minutos, que provocaron, en un crescendo de orquesta, la más variada explosión de inventivas: Dios y la Virgen se mezclaban en los labios del capitán a interjecciones criollas como en los ritos de las brujas serranas. Pero el ordenanza y guía insuperable no pudo ser hallado en todo el puerto. Por lo cual el capitán Gonzáles se marchó solo, anunciando futuros castigos y desastres.
"No se vaya con el capitán. Es un bárbaro", me había aconsejado el posadero; y dilaté mi partida pretextando algunas compras. Dos horas después, al ensillar mi soberbia mula andariega, un pellejo de carnero vino a mi encuentro y de su pelambre polvorienta salió una cabeza despeinada que murmuró:
- Si quieres contigo, taita.
¡Vaya si quería! Era el indio perdido y castigado. Por una hora ya también había buscado guía que me indicara los malos pasos de la Sierra y se apeara para restaurar el brevísimo camino entre el abismo y las rocas que una galga de piedras o las lluvias podían deshacer en segundos.
Asentí sin fijar precio. El indio me explicó en su media lengua que lo hallaría a las puertas del poblacho. Me detenía en una choza a pedir un mate de aquella horaciana chicha de jora que tanto alivia el ánimo, cuando le vi llegar, caballero en una jaca derrengada, pero más animosa que mi mula de lujo. Y sin hablar, sin más tratos, aquel guía providencial comenzó a precederme por atajos y montes, trayéndome, cuando el sol quemaba las entrañas, el cuenco de chicha refrigerante o el maíz reventado al fuego, aquella tierna cancha algodonada. Confieso que no hubiera sabido nunca disponer en un tambo del camino con los ponchos, el pellón y la silla de montar tan blando lecho como el que disfruté aquella noche.
Pero al siguiente día el viaje fue más singular. Servicial y humilde, como siempre, mi compañero se detenía con demasiada frecuencia en la puerta de cada choza del camino, como pidiendo noticias en su dulce lengua quechua. Las indias, al alcanzarme el porongo de chicha, me miraban atentamente y parecióme advertir en sus ojos una simpatía inesperada. ¡Pero quién puede adivinar lo que ocurre en el alma de estas siervas adoloridas! Dos o tres veces el guía salió de su mutismo para contarme, en lenguaje aniñado, esas historias que espeluznan al caminante. Cuentos ingenuos de viajeros que ruedan al abismo porque una piedra se desgaja súbitamente de la montaña andina. "Allí viendo, taita", en la quebrada agudísima, las osamentas lavadas por la espuma del río.
Sin querer confesarlo, yo comenzaba a estar impresionado. Los Andes son en la noche vastos túmulos grises y la bruma que asciende de las punas violetas a los picachos nevados me estremecía como una melancolía visible. En el flanco de las gigantescas vértebras aquel camino rebañado en la piedra y tan vecino a la hondonada mortal parecía llevarnos, como en las antiguas alegorías sagradas, a un paraje siniestro. Pero el mismo indio, que temblaba bajo rebenque, tenía agilidades de acróbata para apearse suavemente por las orejas y llevar del cabestro a mi mula espantadiza que avizoraba el abismo y resbalaba en las piedras, temblorosa. Una hora de marcha así pone los nervios al desnudo, y el viento afilado en las rocas parece aconsejar el vértigo. Ya los cóndores familiares de los altos picachos pasaban tan cerca de mí, que el aire desplazado por las alas me quemaba el rostro y vi sus ojos iracundos.
Llegábamos a un estrecho desfiladero, de donde pude vislumbrar en la parda monotonía de la cadena de montañas la altiplanicie amarillenta con sus erguidos cactus fúnebres.
-Tú esperando, taita -murmuró de pronto el guía, y se alejó en un santiamén.
Le aguardé en vano, con la carne erizada. Palpé el revólver en el cinto, estimulando con la voz a la mula indecisa, que, las orejas al viento, oscilantes como veletas, medía el peligro y escuchaba la muerte. Un ruido profundo retembló en la montaña: algo rodaba de la altura. De pronto, a quince metros de mí, pasó un vuelo oblicuo de cóndores, y entonces, distintamente, porque había llegado a un recodo del camino, vi rebotar con estruendo y polvo en la altura inmediata una masa obscura, un hombre, un caballo tal vez, que fue sangrando en las aristas de las peñas hasta reñir el río espumante, allá abajo. Estremecido de horror, esperé mientras las montañas se enviaron cuatro o cinco veces el eco de aquella catarata mortal. Un cono invertido de alas pardas giraba como una tromba sobre los cadáveres.
Más agachado que nunca, deslizándose con el paso furtivo de las vizcachas, hete aquí al bellaco de mi guía que coge a mi mula del cabestro y murmura con voz doliente, como si suspirara:
- Tú viendo, taita, al capitán.
¿El capitán? Abrí los ojos entontecidos. El indio me espiaba con su mirada indescifrable; y como yo quisiera saber muchas cosas a la vez, me explicó en su media lengua que a veces, taita, los insolentes cóndores rozan con el ala el hombro del viajero en un precipicio. Se pierde el equilibrio y se rueda al abismo. Así había ocurrido con el capitán Gonzáles, "¡pobricitu, ayayay!" Se santiguó quitándose el ancho sombrero de fieltro, para probarme que sólo decía la verdad. Con ademanes de brujo me designaba las grandes aves concéntricas que estaban ya devorando presa.
Yo no inquirí más, porque éstos son secretos de mi tierra que los hombres de su raza no saben explicar al hombre blanco. Tal vez entre ellos y los cóndores existe un pacto obscuro para vengarse de los intrusos que somos nosotros. Pero de este guía incomparable que me dejó en la puerta de Huaraz, rehusando todo salario, después de haberme besado las manos, aprendí que es imprudente algunas veces afrentar con un lindo látigo la resignación de los vencidos.
JOSÉ GÁLVEZ BARRENECHEA
(1885 - 1957)
Fue un poeta, escritor, periodista, catedrático universitario y político peruano. Fue ministro de justicia, Culto e instrucción (1931); Ministro de Relaciones Exteriores (1931); primer vicepresidente de la República (1945 - 1948); Presidente del Senado (1956 - 1957), y, además, gran maestre de la Gran Logia Masónica del Perú (1955 - 1956), entre otros cargos académicos y políticos, que desempeñó con notable acierto.
Como literato, destacó por sus crónicas amenas e informadas sobre paisajes y costumbres de la capital peruana, que le valieron ser llamado el "CRONISTA DE LIMA"; y por su poesía elegante, depurada y armoniosa, circunscrita en el modernismo, siendo proclamado como el "POETA DE LA JUVENTUD" en 1908. Por su obra literaria se hizo merecedor de muchos premios.
POESÍA:
- Bajo la luna (1909)
- Jardín cerrado (1912)
- Canto a España (1924).- poema épico y bello.
- A Lima. Canto jubilar (1935).- en homenaje al 400 aniversario de la fundación española.
PROSA:
- Una Lima que se va (1921 - 1947).- crónicas evocativas de la Lima de tiempos pasados.
- La boda (1923).- novela breve.
- Chismografía nacional (1928)
- Nuestra pequeña historia (1929 - 1931) "Estampas limeñas" (1966)
- Calles de Lima y meses del año (1943)
- Cuento de antaño (1955)
- Oda pindárica a Grau
PLENITUD
Sentir que se ha cumplido con el sueño
de ser un hombre, en el concepto justo;
llevar sobre el espíritu un augusto deber,
que purifique nuestro empeño.
Tener para la Vida un don risueño,
aunque el Destino se nos muestre injusto;
para que pueda el ánimo robusto
constantemente renovar su ensueño.
No claudicar en la altitud vencida,
para, en complicidad con la Suerte
grabar sobre la arena nuestro nombre.
Ser en la Vida un ejemplar de vida
¡y, entonces esperar que la Muerte
tenga el orgullo de vencer a un hombre!
José Gálvez (1912)
ALBERTO URETA
(1885 - 1966)
Fue un poeta y diplomático peruano, cuya obra es quizá la más interesante en la poesía modernista del Perú.
Alberto Ureta se dedicó a lo largo de su vida a la carrera diplomática y a la docencia escolar y universitaria.
Escribió su obra poética que puede enmarcarse por su cuidado y refinamiento en el modernismo. Sin embargo, se distingue por cultivar una vertiente muy íntima y serena. Sus poemas generalmente tienen un tono marcadamente melancólico y reflexionan sobre la vida, el tiempo, y angustias y sentimientos personales. A veces usa para ello imágenes nocturnas y sombrías y otras simplemente sus meditaciones.
POEMARIOS:
- Rumor de almas (1911)
- El dolor pensativo (1917)
- Poemas (1924)
- Las tiendas del desierto (1930)
- Elegías de la cabeza loca (1937)
ESTUDIOS LITERARIOS:
- Carlos Augusto Salaverry (1918)
- El espíritu del renacimiento (1923)
- La desolación romántica de Alfredo de Vigny (1925)
- El enigma de Amarilis (1935)
ELEGÍAS DE LA CABEZA LOCA
I
Tantos años, día por día,
de sentir, de esperar, de creer,
y tu presencia en el recuerdo
que siempre quiso serme fiel.
No sé qué fondo cotidiano
tendrá tu vida, ni por qué
caminos habrá dispersado
tu gracia el encanto de ayer.
Era tu norte tan lejano,
era frágil tu bauprés,
y querías tocar en tantos puertos,
y tantos mares recorrer,
que hoy al pensar en tu aventura,
temo apenado que tal vez
o hayas perdido el derrotero
o hayas encallado tu bajel.
RETO:
En una hoja bond, realiza lo siguiente:
1.- ¿Dónde se organizó el Modernismo?
___________________________________________________________________________
2.- Escribe el nombre de las corrientes que influenciaron en el Modernismo:
___________________________________________________________________________
3.- Las clases del Modernismo son:
___________________________________________________________________________
4.- Escribe dos características del Alma de América:
___________________________________________________________________________
___________________________________________________________________________
5.- Completa los espacios en blanco:
- Obra que da inicio al Modernismo en el Perú _____________________________________
- Apelativo de José Santos Chocano _____________________________________________
- Género y especie literaria al que pertenece Alma América ___________________________
- Fundador del Modernismo en América __________________________________________
- Obra poética de Chocano _____________________________________________________
- Obra teatral de Chocano ______________________________________________________
- Es una característica del Modernismo ___________________________________________
- Precursor del Modernismo ____________________________________________________
- Aves sin nido pertenece a: ____________________________________________________
6.- No podríamos considerarla como característica del Modernismo:
a) Temas exóticos
b) Musicalidad
c) Desinterés por la armonía
d) Palabra llena de color y sonido
e) Sensualidad
7.- Corrientes francesas que influyeron en el Modernismo:
a) Romanticismo y Realismo
b) Simbolismo y Ultraísmo
c) El Renacimiento y la Vanguardia
d) El Parnasianismo y el Simbolismo
e) El Simbolismo y el Cubismo
8.- Uno de los siguientes autores correspondientes al Modernismo peruano:
a) José Hernández
b) Clemente Palma
c) José Martí
d) Asunción Silva
e) Rubén Darío
9.- Obra de Chocano publicada en 1906:
a) Fiat Lux
b) Alma América
c) El Dorado
d) Los Conquistadores
e) Memorias
10.- En "El libro de mi proceso", Chocano presenta el proceso judicial contra él por haber dado muerte a _______________________________.
a) Alcides Spelucin.
b) Xavier Abril.
c) Alberto Hidalgo.
d) Edwin Elmore.
e) Abelardo Gamarra.
11.- No es una obra lírica de Chocano:
a) El libro de mi proceso.
b) Iras Santas.
c) Selva Virgen.
d) Alma América.
e) La epopeya del morro.
12.- José Santos Chocano fue galardonado como "Poeta excelso del Perú, esto fue durante el gobierno de:
a) Ramón Castilla.
b) José Pardo.
c) Nicolás de Piérola.
d) Cáceres
e) Augusto B. Leguía.
13.- El Cantor de América, Chocano, dirigió a los veinte años el periódico:
a) La Nación.
b) La Jornada.
c) El Comercio.
d) La Prensa.
e) El Peruano.
14.- Representantes del Modernismo, excepto:
a) Clemente Palma.
b) Alberto Ureta.
c) José Gálvez Barrenechea.
d) Ventura García.
e) Gonzáles Prada.
15.- Movimiento literario que nació en América.
a) Romanticismo.
b) Modernismo.
c) Realismo.
d) Vanguardismo.
e) Post-modernismo.
RECUERDA: Éste trabajo lo guardarás en un folder que será el portafolio donde archivarás las evidencias de tu trabajo y tus aprendizajes.
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