lunes, 4 de enero de 2021

 

EL ROMANTICISMO EN LA LITERATURA PERUANA


INTRODUCCIÓN

Corriente literaria que estuvo en todo su vigor en la pluma de Víctor Hugo y que llegó y surgió en el Perú con el triunfo de la revolución Liberal de 1854 y la organización de nuestra vida republicana. Esta manifestación literaria busca temas nacionales, exalta el amor y los sentimientos personales; la desolación, la soledad, la incomprensión, el desengaño y la muerte aparecen continuamente en la poesía. 



Los representantes del romanticismo son:

  • Carlos Augusto Salaverry
  • Manuel Ricardo Palma Soriano
  • Manuel Nicolás Corpancho
  • José Arnaldo Márquez
  • Luis Benjamín Cisneros
  • Pedro Paz Soldán y Unanue (Juan de Arona)

CARACTERÍSTICAS


♦️  ÉNFASIS EN LA EMOCIÓN Y EN LOS SENTIMIENTOS ÍNTIMOS DEL ARTISTA, sobre todo         el amor. Predomina más el sentimiento que la razón.

♦️  BÚSQUEDA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, que permitió la invención de nuestras formas métricas en la poesía y la irrupción de nuevos géneros , inéditos hasta entonces como la "Tradición".

♦️  CIERTO DESAPEGO POR LO ESPAÑOL, ahora se leía a escritores franceses, ingleses, etc.

♦️  AFIRMACIÓN POR LA VIDA Y COSTUMBRES NACIONALES: 
  • el color de sus paisajes, 
  • la personalidad de sus gentes, 
  • la forma de hablar propia de cada país.


CARLOS AUGUSTO SALAVERY

(1830 - 1891)




Fue un poeta y dramaturgo peruano, considerado, en el panorama de la literatura del Perú, como el más destacado exponente del romanticismo, junto con Ricardo Palma. Es muy celebrado por sus composiciones de carácter íntimo y amatorio, entre las que resalta el poema titulado "¡Acuérdate de mí!".

OBRAS:

POESÍA:
  • Diamantes y perlas (1899).- se compone, sobre todo, de sonetos diversos, entre circunstanciales, amorosos y festivos.
  • Albores y destellos (1871).- reúne la mayor parte de sus poemas de temas políticos-sociales y los que tratan asuntos metafísicos como el de la muerte.
  • Cartas a un ángel (1890).- poemario en el que se encuentran los más logrados poemas amorosos y eróticos, inspirados en la misma mujer, Ismena Torres. Sobre esta obra Alberto Escobar opina lo siguiente: " Por ser libro de amor, Cartas a un ángel es al mismo tiempo, canto de dolor, a la ausencia, al pasado feliz, al sentido del tiempo; perspectiva amatoria que Salaverry poseyó como pocos poetas peruanos. Ha sido en esos versos en los que su talento dio el fruto menor; de la anécdota personal asciende Salaverry al tema permanente del amor e incide así en un rasgo esencial del carácter humano". De esta colección pertenece el poema "¡Acuérdate de mí!", ampliamente reproducido en los textos escolares peruanos.
  • Misterios de tumba (1883), poesías de reflexión filosófica.



TEATRO:
  • Atahualpa o la conquista del Perú (1854)
  • Abel o el pescador americano (1857)
  • El bello ideal (1857)
  • El amor y el oro (1861)
  • La estrella del Perú (1862)
  • El pueblo y el tirano (1862)



ACUÉRDATE DE MÍ
(poema)



¡Oh! ¡cuánto tiempo silenciosa el alma
mira en redor su soledad que aumenta:
como un péndulo inmóvil, ya no cuenta
las horas que se van!
Ni siente los minutos cadenciosos
al golpe igual del corazón que adora 
aspirando la magia embriagador a
de tu amoroso afán!

Ya no late, ni siente, ni aun respira
petrificada el alma allá en lo interno:
tu cifra en mármol con buril eterno
quedó grabada en mí!
Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto;
muerto para el amor y la ventura,
está en un corazón mi sepultura
y el cadáver aquí!

En este corazón ya enmudecido
cual la ruina de un templo silencioso,
vacío, abandonado, pavoroso
sin luz y sin rumor;
embalsamadas ondas de armonía
elevándose un tiempo en sus altares,
y vibraban melódicos cantares
los ecos de tu amor.

¡Parece ayer! ... De nuestros labios mudos
el suspiro de "Adiós" volaba al cielo,
y escondías tal faz de tu pañuelo
para mejor llorar
Hoy... nos apartan los profundos senos
de dos inmensidades que has querido,
y es más triste y es más hondo el de tu olvido
que el abismo del mar!

Pero ¿qué es este mar? ¿qué es este espacio?
¿qué es la distancia, ni los altos montes?
¿Ni qué son esos turbios horizontes
que miro desde aquí;

si a través del espacio y de las cumbres,
de este ancho mar y de ese firmamento,
vuela por el azul mi pensamiento
y vive junto a ti?

¡Sí: yo tus alas invisibles veo,
te llevo dentro del alma, estás conmigo,
tu sombra soy, y adónde vas te sigo
de tus huellas en pos!
Y en vano intentan que mi nombre olvides;
nacieron nuestras almas enlazadas,
y en el mismo crisol purificadas
por la mano de Dios!

Tu eres la misma aún: cual otros días
suspéndense tus brazos de mi cuello;
veo tu rostro apasionado y bello
mirarme y sonreír;
aspiro de tus labios el aliento
como el perfume de claveles rojos,
y brilla siempre en tus azules ojos
mi sol, mi porvenir.

Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido;
mi nombre está en la atmósfera, en la brisa,
y ocultas al través de tu sonrisa
lágrimas de dolor;
pues mi recuerdo tu memoria asalta,
y a pesar tuyo por mi amor suspiras,
y hasta el ambiente mismo que respiras
te repite ¡mi amor!

¡Oh! cuando vea en la desierta playa,
con mi tristeza y mi dolor a solas,
el vaivén incesante de las olas,
me acordaré de ti;
cuando veas que un ave solitaria
cruza el espacio en moribundo vuelo,
buscando un nido entre el mar y el cielo,
¡acuérdate de mí! 

                                                                                           Carlos Augusto Salaverry



MANUEL RICARDO PALMA SORIANO

(1833 - 1919)


Fue un escritor romántico, costumbrista, tradicionalista, periodista y político peruano, conocido como Ricardo Palma, famoso principalmente por sus relatos cortos de ficción histórica reunidos en el libro TRADICONES PERUANAS. Cultivó prácticamente todos los géneros:
  • Poesía,
  • Novela,
  • Drama, Sátira,
  • Crítica,
  • Crónicas y
  • Ensayos de diversa índole.
Caracterizándose por tener una personalidad espontánea y elocuente. Sus hijos Clemente y Angélica siguieron sus pasos como escritores. En 1883, fue nombrado director de la BIBLIOTECA NACIONAL. Su abnegada labor de reconstruir dicha institución (solicitó libros a distintos países) le valió el apelativo de "BIBLIOTECARIO MENDIGO". Tuvo una gran presencia en la prensa satírica, en la que es un prolífico comunista y uno de los baluartes de la sátira política peruana del siglo XXI. Fue miembro de la Real Academia de la Historia y de la Academia Peruana de la Lengua. En 1892 representó al Perú en el cuarto centenario del Descubrimiento de América realizado en España.

OBRAS:
  • El hijo del sol (1849)
  • La he biográficos (1855)
  • El santo de Panchita (1869)
  • Anales de la Inquisición de Lima (1863).- ensayo histórico.
  • Congreso constituyente (1867).- sátira publicada bajo el seudónimo de Un Campanero.
  • Armonías (1895).- Libro de un desterrado.
  • Lira americana (1895).- colección de poesías de los mejores poetas del Perú.
  • Pasionarias (1870).- poesía.
  • Tradiciones (1872).- primera serie de su obra magna
  • Don Juan del Valle Caviedes (1873).-el poeta de la Ribera, ensayo.
  • Tradiciones (1874).- segunda serie.
  • Tradiciones (1875).- tercera serie.
  • Tradiciones (1877).- cuarta serie.
  • Verbos y gerundios (1877).- poesía.
  • Monteagudo y Sánchez Carrión (1877).- páginas de la historia de la independencia, ensayo.
  • Tradiciones (1883).- quinta serie.
  • Tradiciones (1883).- sexta serie.
  • El demonio de los Andes (1883).- tradiciones sobre el conquistador Francisco de Carvajal.
  • Enrique Heine (1886).- traducciones, realizadas sobre la versión francesa de Gérard de Nerval.
  • Refutación a un compendio de historia del Perú (1886).- contra el libro del jesuita Ricardo Cappa.
  • Poesías (1887).- antología que recoge la mayoría de su lírica; lo acompañó, como prólogo, del estudio La Bohemia limeña de 1848 a 1860. Conferencias literarias.
  • Ropa vieja (1889).- sétima serie de Tradiciones.
  • Cristián (1889).- librito de homenaje publicado en edición privada por los Palma al hijo del escritor fallecido a los diez meses.
  • Tradiciones peruanas (1890)
  • A San Martín, (1890) poema.
  • Ropa apolillada (1891).- octava y última serie de Tradiciones.
  • Filigranas (1892).- aguinaldo a mis amigos, su último poemario.
  • Tradiciones Peruanas (1893-96).- 4 volúmenes.
  • Neologismos y americanismos (1896)
  • Recuerdos de España (1897).- sobre su viaje de 1892.
  • Tradiciones y artículos históricos (1899)
  • Cachivaches (1900).- artículos literarios y biográficos.
  • Dos mil setecientas voces que hacen falta en el Diccionario (1903).- papeletas lexicográficas.
  • Mis últimas tradiciones peruanas y cachivachería (1906)
  • Apéndice a mis últimas tradiciones peruanas (1910)
  • Poesías completas (1911)
  • Tradiciones selectas del Perú (1911)
  • Las mejores tradiciones peruanas (1917)
  • El Palma de la juventud (1921)
  • Tradiciones peruanas (1923-25) 6 volúmenes.
  • Tradiciones peruanas (1951).- 6 volúmenes.
  • Tradiciones peruanas completas (1952)
  • Cartas indiscretas 1969)

  

  


  


  

  

 





EL CRISTO DE LA AGONÍA
(tradición)


San Francisco de Quito, fundada en agosto de 1534 sobre las ruinas de la antigua capital de los Scyris, posee hoy una población de 70,000 habitantes y se halla situada en la falda oriental del Pichincha o monte que hierve.
El Pinchincha descubre a las investigadoras miradas del viajero dos grandes cráteres, que sin duda son resultado de sus vanas erupciones. Presenta tres picachos o respiraderos notables, conocidos con los nombres del Rucu-Pichincha o Pichincha Viejo, el Guagua-Pichincha o Pichincha Niño, y Cundor-Guachana o Nido de Cóndores. Después del Sangay, el volcán más activo del mundo y que se encuentra en la misma patria de los Scyris, a inmediaciones de Riobamba, es indudable que el Rucu-Pichincha es el volcán más terrible de América. La historia nos ha transmitido sólo la noticia de sus erupciones en 1534, 1539, 1577, 1588, 1660 y 1662. Casi dos siglos habían transcurrido sin que sus torrentes de lava y rudos estremecimientos esparciesen el luto y la desolación, y no faltaron geólogos que creyesen que ya un volcán sin vida. Pero el 22 de marzo de 1859 vino a desmentir a los sacerdotes de la ciencia. La pintoresca Quito quedó entonces casi destruida. Sin embargo, como el cráter principal del Pichincha se encuentra al Occidente su lava es lanzada en dirección de los desiertos de Esmeraldas, circunstancia salvadora para la ciudad que sólo ha sido victima de los sacudimientos del gigante que la sirve de atalaya. De desear seria, no obstante, para el mayor reposo de sus moradores, que se examinase hasta qué punto es fundada la opinión del barón de Humboldt, quien afirma que el espacio de seis mil trescientas millas cuadradas alrededor de Quito encierra las materias inflamables de un solo volcán.

Para los hijos de la América republicana, el Pichincha simboliza  una de las más bellas páginas de la gran epopeya de la revolución. A las faldas del volcán tuvo lugar el 24 de mayo de 1822 la sangrienta batalla que afianzó para siempre la independencia de Colombia.

¡Bendita seas, patria de valientes, y que el genio del porvenir te reserve horas más felices que las que forman tu presente! A orillas del pintoresco Guayas me has brindado hospitalario asilo en los días de la proscripción y del infortunio. Cumple a la gratitud del peregrino no olvidar nunca la fuente que apagó su sed, la palmera que le brindó frescor y sombra, y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a su esperanza.

Por eso vuelvo a tomar mi pluma de cronista para sacar del polvo del olvido una de tus más bellas tradiciones, el recuerdo de uno de tus hombres más ilustres, la historia del que con las inspiradas revelaciones de su pincel alcanzó los laureles del genio, como Olmedo con su homérico canto la inmortal corona del poeta.

Ya lo he dicho. Voy a hablaros de un pintor: de Miguel de Santiago.

El arte de la pintura, que en los tiempos coloniales ilustraron Antonio Salas, Gorívar, Morales y Rodríguez, está encarnado en los  magníficos cuadros de nuestro protagonista, a quien debe considerarse como el verdadero maestro de la escuela quiteña. Como las creaciones de Rembrandt y de la escuela flamenca se distinguen por la especialidad de las sombras, por cierto misterioso claroscuro y por la feliz disposición de los grupos, así la escuela quiteña se hace notar por la viveza del colorido y la naturalidad. No busquéis en ella los refinamientos del arte, no pretendáis encontrar gran corrección en las líneas de sus Madonnas; pero si amáis lo poético como el cielo azul de nuestros valles, lo melancólicamente vago como el yaraví que nuestros indios cantan acompañados de las sentimentales armonías de la quena, contemplad en nuestros días las obras de Rafael Salas, Cadenas o Carrillo.

El templo de la Merced, en Lima, ostenta hoy con orgullo un cuadro de Anselmo Yáñez. No se halla en sus detalles el estilo quiteño en toda su extensión; pero el conjunto revela bien que el artista fue arrastrado en mucho por el sentimiento nacional.

El pueblo quiteño tiene el sentimiento del arte. Un hecho bastará a probarlo. El convento de San Agustín adorna sus claustros con catorce cuadros de Miguel de Santiago, entre los que sobresale uno de grandes dimensiones, titulado La genealogía del santo Obispo de Hipona. Una mañana, en 1857, fue robado un pedazo del cuadro que contenía un hermoso grupo. La ciudad se puso en alarma y el pueblo todo se constituyó en pesquisidor. El cuadro fue restaurado. El ladrón había sido un extranjero comerciante en pinturas.

Pero ya que, por incidencia, hemos hablado de los catorce cuadros de Santiago que se conservan en San Agustín, cuadros que se distinguen por la propiedad del colorido y la majestad de la concepción, esencialmente el del Bautismo, daremos a conocer al lector la causa que los produjo y que, como la mayor parte de los datos biográficos que apuntamos sobre este gran artista, la hemos adquirido de un notable artículo que escribió el poeta ecuatoriano don Juan León Mera.

Un oidor español encomendó a Santiago que le hiciera su retrato. Concluido ya, partió el artista para un pueblo llamado Guápulo, dejando el retrato al sol para que se secara, y encomendando el cuidado de él a su esposa. La infeliz no supo impedir que el retrato se ensuciase, y llamó al famoso pintor Gorívar, discípulo y sobrino de Miguel, para que reparase el daño. De regreso Santiago, descubrió en la articulación de un dedo que otro pincel había pasado sobre el suyo. Confesándole la verdad.

Nuestro artista era de un geniazo más atufado que el mar cuando le duele la barriga y le entran retortijones. Encolerizose con lo que creía una profanación, dio de cintarazos a Gorívar y rebanó una oreja a su pobre consorte. Acudió el oidor y lo reconvino por su violencia. Santiago, sin respeto a las campanillas del personaje, arremetiole también a estocadas. El dolor huyó y entabló acusación contra aquel furioso. Este tomó asilo en la celda de un fraile; y durante los catorce meses que duró su escondite pintó los catorce cuadros que embellecen los claustros agustinos. Entre ellos merece especial mención, por el diestro manejo de las tintas, el titulado Milagro del peso de las ceras. Se afirma que una de las figuras que en él se hallan es el retrato del mismo Miguel de Santiago.

Cuando Miguel de Santiago volvió a aspirar el aire libre de la ciudad natal, su espíritu era ya presa del ascetismo de su siglo. Una idea abrasaba su cerebro: trasladar al lienzo la suprema agonía de Cristo.

Muchas veces se puso a la obra; pero, descontento de la ejecución, arrojaba la paleta y rompía el lienzo. Más no por esto desmayaba en su idea.

La fiebre de la inspiración lo devoraba; y sin embargo, su pincel era rebelde para obedecer a tan poderosa inteligencia y a tan decidida voluntad. Pero el genio encuentra el medio de salir triunfador.

Entre los discípulos que frecuentaban el taller hallábase un joven de bellísima figura. Miguel creyó ver en él el modelo que necesitaba para llevar a cumplida realización su pensamiento.

Hizolo desnudar, y colocolo en una cruz de madera. La actitud nada tenía de agradable ni de cómoda. Sin embargo, en el rostro del joven se dibujaba una ligera sonrisa.

Pero el artista no buscaba la expresión de la complacencia o del indiferentismo, sino la de la angustia y el dolor.

-¿Sufres? -preguntaba con frecuencia a su discípulo.

-No, maestro -contestaba el joven, sonriendo tranquilamente.

De repente Miguel de Santiago, con los ojos fuera de sus órbitas, erizado el cabello y lanzando una horrible imprecación, atravesó con una lanza el costado del mancebo.

Éste arrojó un gemido y empezaron a reflejarse en su rostro las convulsiones de la agonía.

Y Miguel de Santiago, en el delirio de la inspiración, con la locura fanática del arte, copiaba la mortal congoja; y su pincel, rápido como el pensamiento, volaba por el tenso lienzo.

El moribundo se agitaba, clamaba y retorcía en la cruz; y Santiago, al copiar cada una de sus convulsiones, exclamaba con creciente entusiasmo:

-¡ Bien! ¡Bien, maestro Miguel! ¡Bien, muy bien, maestro Miguel!

Por fin el gran artista desata a la victima; ve la ensangrentada y exánime; pásase la mano por la frente como para evocar sus recuerdos, y como quien despierta de un sueño fatigoso, mide toda la enormidad de su crimen y, espantado de sí mismo, arroja la paleta y los pinceles, y huye precipitadamente del taller.

¡El arte lo había arrastrado al crimen!

Pero su Cristo de la Agonía estaba terminado.

Éste fue el último cuadro de Miguel de Santiago. Su sobresaliente mérito sirvió de defensa al artista, quien después de largo juicio obtuvo sentencia absolutoria.

El cuadro fue llevado a España. ¿Existe aún, o se habrá perdido por la notable incuria peninsular? Lo ignoramos.

Miguel de Santiago, atacado desde el día de su crimen artístico de frecuentes alucinaciones cerebrales, falleció en noviembre de 1673, y su sepulcro está al pie del altar de San Miguel en la capilla del sagrario.

                                                                                                                            Ricardo Palma






MANUEL NICOLÁS CORPANCHO

(1830 - 1863)


Fue un poeta y diplomático peruano. Representante temprano del romanticismo en el Perú, cultivó la poesía lírica, épica y dramática. Integró la llamada "bohemia" literaria, grupo denominado así por Ricardo Palma y que era una constelación de poetas románticos peruanos, de la que, además del mismo Palma, formaban parte Carlos Augusto Salaverry, José Arnaldo Márquez, Clemente Althaus, Luis Benjamín Cisneros, Juan de Arona, entre otros.
Como diplomático fue ministro plenipotenciario en México ante el gobierno de Benito Juárez y laboró arduamente por fortalecer los lazos entre el Perú y México en aras de la defensa continental frente a las amenazas de las potencias europeas. Tras ser expulsado por el gobierno usurpador de Maximiliano I, murió en un naufragio en el Golfo de México, hecho que le convirtió en un mártir del americanismo político, cuando apenas contaba con 32 años de edad.

OBRAS:
Escribió tres dramas:
  • El poeta cruzado (1851).- drama religioso en cuatro actos y en verso, al estilo de José Zorrilla y de asunto exótico y oriental.
  • El templario o los godos en Palestina (1855).- drama caballeresco en cinco actos y en verso.
  • Olaya o El barquero y el virrey (1855).- escenificación de una leyenda sobre José Olaya, el mártir de la independencia peruana, siguiendo el estilo del Duque de Rivas.



Publicó las siguientes obras poéticas:
  • Brisas del mar. Recuerdos ( 1853).- poesías.
  • Magallanes (1853).- poema épico en honor al navegante portugués, y antecedido de un juicio crítico del poeta argentino José Mármol.
  • Lira patriótica del Perú (1853).- antología poética. Es una compilación de poesías de autores peruanos, preparada por Fernando Velarde. Contiene poemas inspirados para levantar el espíritu patriótico peruano cuando se temía un conflicto bélico con Bolivia.
  • Ensayos poéticos (1854).- colección de poemas antecedida de varios juicios literarios.
  


Durante su estancia en México alcanzó a editar las siguientes obras:
  • Poesías inéditas de Olmedo (1862)
  • Ensayo literario sobre la poesía lírica en América (1862).- minucioso estudio literario de los más representativos poetas hispanoamericanos.
  • Flores del Nuevo Mundo (1863 y 1867).- antología de poesía hispanoamericana.


EL POETA CRUZADO
(argumento)

Teobaldo, poeta huérfano y desconocido, se enamora de Clorinda, una hermosa doncella hija de uno de los primeros nobles de España y logra el amor de ella. Cierta noche escala los muros del castillo que la alberga. El padre vuelve de improviso de una partida de caza. Escondido en un rincón de la sala, Teobaldo oye las inculpaciones hechas a Clorinda por su furtiva aventura. Viene una confesión ardorosa de ella y el padre, al creerla deshonrada, saca el acero para matarla. En ese momento se descubre Teobaldo y ofrece su pecho a la venganza paterna. Al juramento acerca de la pureza de este afecto sigue el perdón, supeditado al alejamiento del poeta. Como hay un caballero de alta alcurnia, famoso por su valor guerrero que puede ser el yerno deseado, el padre ofrece la mano de Clorinda a quien triunfe en el torneo. Pero en él se presenta, encubierto, Teobaldo. Lucha, vence a su rival y exige el premio ofrecido. El padre se niega a concedérselo y el derrotado insulta al vencedor llamándolo villano. Teobaldo ingresa a la cruzada de Pedro el Ermitaño para obtener un nombre, un título de nobleza y la esperanza de casarse con Clorinda. Vuelve a los cinco años, vencedor. Se presenta a en los momentos que Clorinda va a ser la esposa del mismo rival que, mediante la exhibición de una joya, le ha hecho creer en la muerte del poeta en Palestina. La ceremonia de la boda da oportunidad para que se aclaren las cosas y los amantes se juran amor eterno. Sin embargo el drama no ha concluido. Los dos enemigos riñen y Teobaldo cae herido de muerte. En su agonía se descubre que es hijo de quien lo ha convertido en víctima. La joven, esposa, loca de desesperación, se suicida con un puñal. Su padre pierde el juicio y también fallece.

                                                                                                   Manuel Nicolás Corpancho







JOSÉ ARNALDO MÁRQUEZ

(1832 - 1903)



Fue un poeta, dramaturgo, ensayista, maestro, periodista, traductor, diplomático, militar y viajero peruano. También se le recuerda como inventor de una máquina para componer matrices tipográficas, precursora de la linotipia. 




Representante de la poesía romántica peruana en su vertiente filosófica y social, junto con Luis Benjamín Cisneros. Supo armonizar el sentimiento individualista romántico con las inquietudes humanitarias de su tiempo y una adhesión a los ideales socialistas, siendo el primer poeta peruano con preocupación social.
Sus hermanos Luis Enrique Márquez (1846 - 1888) y Manuela Antonia Márquez (1844 - 1890) fueron también literatos.

OBRAS:
Su obra literaria fue amplia y versátil, y gran parte de ella se encuentra dispersa en diversas publicaciones.

TEATRO:
En su juventud temprana escribió tres dramas:
  • La bandera de Ayacucho
  • Pablo o la familia del mendigo (1849)
  • La cartera del ministro.
Luego, en una etapa más madura publicó las siguientes obras:
  • La novia del colegial (1887).- zarzuela.
  • El cordón sanitario (1887).- comedia.
  • Colón (1892).- juguete dramático en un acto.
POESÍA:
Cultivó la poesía filosófica. Expuso conceptos y teorías referentes a los fenómenos cósmicos y los problemas humanos, así como la emoción suscitada por la hermosura y el amor.
De entre sus obras poéticas mencionaremos las siguientes:
  • La flor de Abel (1853).- poema moral.
  • La Ramoniada (1855).- poema satírico.
  • La humanidad (1856).- dedicado a Francisco de Paula Gonzáles Vigil, y donde revela sus ideas de igualitarismo.
  • A orilla de un lago (1861)
  • Notas perdidas (1862 y 1878).- con diverso contenido.
  • Poesías (1863)
  • Canto a San Martín (1899)
  • Prosa y versos (1901 - 1902).- 6 volúmenes. Recopilación de sus obras completas.

 


PROSA:
En sus obras en prosa, fundamentalmente ensayos y estudios, se mostró grandilocuente y retórico. Publicó las siguientes:
  • Recuerdos de un viaje a los Estados Unidos, 1857 - 1861 (1862).- sus impresiones sobre el país del norte, en víspera de la guerra civil.
  • El consulado del Perú en San Francisco (1864).- justificación de su conducta ante la imprevista cancelación de su cargo de cónsul.
  • El Perú y la España moderna (1866).- 6 volúmenes. Relación documentada de los antecedentes del conflicto desatado entre ambos países entre 1865 y 1866.
  • Ratos de estudio sobre filosofía espiritualista (1873)
  • La orgía financiera del Perú. El guano y el salitre (1888).- publicado anónimamente después de aparecer como artículos en el periódico chileno La libertad electoral. Es un opúsculo de 120 páginas donde enjuicia la política peruana basada en la explotación del guano y del salitre. Según su tesis, especuladores y bribones dominaron las finanzas del país desde la época virreinal, pero tuvieron más poder y fuerza con el inicio de la república, cuando se produjo una "orgía económica y hacendaria" al convertirse el guano en la riqueza primordial. De su crítica severa no se escaparon presidentes como Echenique, Castilla, Pezet, Diez Canseco, Balta, y personajes como el ministro de hacienda Nicolás de Piérola (luego dictador), Auguste Dreyfus y Henry Meiggs.
  • Fue autor además de textos escolares y de innumerables artículos periodísticos.




TRADUCCIONES:
Por encargo de la Real Academia Española hizo traducciones de algunas obras dramáticas de William Shakespeare:

Dramas históricos:
  • Julio César.
  • Coriolano.
Comedias:
  • Como gustéis.
  • Las alegres comadres de Windsor.
  • Sueño de una noche de verano.
  • Medida por medida.
  • Cuento de invierno.

 


Estas traducciones han sido consideradas entre las mejores hechas en lengua castellana.
Hizo también traducciones exitosas de Lord Byron, Lohgfellow y Walt Wihitman.




LA MISERIA
(a mi madre)
(poema)

La miseria ¿no es cierto madre mía
Que esta palabra es tenebrosa y triste,
Que destierra del alma la alegría
Y con las sombras del dolor la viste?

La miseria ¡ay de mí! Su nombre espanta
Y todos al oírle se estremecen,
Nunca el poeta en su dolor la canta,
Que al contemplarla sus angustias crecen.

¿No has visto, madre mía, en el Océano
Y en medio del furor de la tormenta
Al náufrago infeliz luchar en vano
Con una muerte prolongada y lenta?

¿Y no has visto a los hombres en la playa
Que abandonan a otro hombre en su agonía,
Sin que uno solo a libertarlo vaya
De los peligros de la mar bravía?

Tal, madre, es la miseria, tal la suerte
Del infeliz a quien su seno oculta;
Do quier le sigue la espantosa muerte,
Do quier un mar de penas lo sepulta.

Y no habrá alguno que salvarlo quiera
Tendiéndole una mano generosa,
Cual los hombres que están en la ribera
Dejan a otro hombre entre la mar furiosa.

El lucha con el hambre y con el frio,
Mira la lluvia penetrar su techo,
Y no halla paz en su rincón sombrío
Sobre las tablas de su tosco lecho.

Y tú, madre; ¿también ves retratada
La imagen de la muerte entre las sombras?
En esa noche lúgubre y helada
Al contemplar tu suerte; ¿no te asombras?

¿No te asombras de verte en la indigencia
En tu morada lóbrega y oscura,
De arrastrar miserable tu existencia,
Y de ver marchitada tu hermosura?

¿Do de tus ojos la radiante lumbre
Y tu mirada dulce y hechicera?
¿Dónde huyó la encantada muchedumbre
Que adoraba tu risa placentera?

Pasó un día, y veloces se alejaron
El placer y la dicha y la hermosura,
Y en cambio ¡oh desventura! Te quedaron
Largos días de duelo y amargura!

Mas yo, yo madre, acallaré tus penas;
Y tornaré en delicias tus pesares,
Tranquila pasaras horas serenas,
Y dormirás al son de mis cantares.

Y volverá tu plácida sonrisa,
Y el placer te dará bellos colores,
Como el aliento de la suave brisa
Torna a la vida las marchitas flores.

Sí, cantaré, madre mía,
Que me oirá el mundo amador,
Como en la selva sombría
Se escucha la melodía
De escondido ruiseñor.

Y en vez de amargos momentos
De tristeza y sinsabor;
Te daré con mis acentos
Delicias por tus tormentos,
Placeres por tu dolor.

Que es madre todo mi anhelo
Entonar dulce canción
para migrar tu duelo
Y aplacar con el consuelo
Tu afligido corazón.


                                                      José Arnaldo Márquez





 

LUIS BENJAMÍN CISNEROS

(1837 - 1904)



Fue un poeta, escritor, político y diplomático peruano. Es uno de los máximos representantes del Romanticismo peruano. Cultivó la poesía lírica y la épica, así como el teatro. Como político, fue de tendencia liberal.

OBRA:

DRAMA:
  • Alfredo el sevillano (1856).- drama ambientado en la Lima colonial y cuyo personaje es un émulo de Don Juan Tenorio.
CUENTO o NOVELA CORTA:
  • Amor de niño: juguete romántico (1864).- considerada como su obra cumbre, es un relato lleno de ingenuidad y sentimentalismo, sobre un niño que se enamora de una mujer mayor.




NOVELAS:
Escribió dos novelas románticas que pintan las costumbres sociales y los ideales políticos de su época (mediados del siglo XIX):
  • Julia o escenas de la vida en Lima (1861)
  • Edgardo o un joven de mi generación (1864)



POESÍA:
  • A la muerte del rey Don Alfonso XII (1886).- elegía.
  • Aurora amor (1883 - 1889).- es un himno de alabanza a la civilización, dándonos una épica visión del progreso científico e industrial del siglo XIX.
Su obra poética fue póstumamente reunida bajo el título de De libres alas (1912)

ENSAYO NO LITERARIO:
  • Ensayo sobre varias cuestiones económicas del Perú (1866).- donde reflexiona sobre las innovaciones necesarias para lograr la modernización y el progreso de su país.



AMOR DE NIÑO
(cuento)


Se llamaba Ricardo. Contaba apenas siete años. Tenía los ojos azules y el rostro pálido. Sus cabellos negros, crespos y lustrosos flotaban sobre sus sienes y su cuello en hermosos rizos. Era imposible verle sin acariciarle ni oírle hablar sin sonreír y sin amarle.

Su madre, tipo de bondad y de dulzura, le llamaba siempre cuando, al brillar los últimos resplandores de la tarde, correteaba con los niños de la vecindad en el patio de su casa:

-¡Ricardo!

-Mamá, respondía desde lejos una voz límpida y plateada.

Los tristes sones del Ave María se desprendían en ese instante de las torres de la ciudad, y la ciudad enmudecía.

- Ven a rezar la oración.

Y el niño obediente venía con las mejillas sonrosadas, jadeante, con los cabellos desarreglados y el vestido descompuesto a arrodillarse a los pies de la que le llamaba.

Su fisonomía tomaba en ese instante una expresión indescriptible. Olvidado completamente del juego y de sus compañeros, con el rostro, iluminado, con los ojos levantados y fijos en los de su madre, parecía absorto en la oración. Sus labios murmuraban el rezo lentamente como si pensara lo que decía y como si hubiera sentido lo que pensaba.

Ella le tendía la mano. Él la besaba con efusión, aunque precipitadamente, y salía corriendo.

El padre de Ricardo era un rico negociante italiano. Establecido en América hacía muchos años, se había casado en Lima por amor, y aunque se creía dichoso, recordaba siempre el cielo de su patria con pesar y con profunda melancolía.

¡Adorable capricho de la naturaleza! los hermosos ojos del hijo tenían la expresión tierna y dolorosa de ese sentimiento del padre y el azul límpido y sereno del cielo cuyo recuerdo le entristecía.

El chiquillo era una mezcla encantadora de dos tipos: en su cuerpo se revelaban la gracia de contornos, la viveza de ademanes y la negligencia de actitud del tipo limeño; en su rostro se veía la pureza de formas, la dulzura y la radiante mirada del tipo italiano. Entre las cualidades morales de este último podían contarse una pasión loca por la música y la admiración instintiva por todo lo bello.

Su padre se había casado, joven aún, con una de las más distinguidas y afamadas bellezas de su época. Los ardientes amores que habían precedido a su matrimonio habían durado cuatro años. Los obstáculos vencidos, los billetes y los juramentos cambiados al través de las rejas y de los muros de un monasterio hicieron gran ruido en Lima. La pasión había sido borrascosa y romántica.

Diez meses después de casados, la hermosa limeña daba a luz un robusto niño con un rostro tierno, risueño e ideal como el de esos ángeles que Rafael solía pintar en las apoteosis accesorias de sus vírgenes inmortales.

Fruto de un amor romanesco, impetuoso y reconcentrado durante cuatro años de penas y de lágrimas, el corazón de Ricardo estaba preparado para una intensidad de sentimientos, extraños en u niño.

¿Por qué cada vez que Virginia venía a tocar un instante en el piano de la casa, corría Ricardo a colocarse de pie junto a ella? Apoyando su cabeza sobre una mano en el ángulo del piano, los negros y abundantes rizos de su cabellera se desprendían y deslizaban entre sus dedos. Con sus grandes ojos azules clavados en Virginia, el niño la contemplaba tristemente y escuchaba en silencio.

Sus padres y Virginia misma lo observaban y sonreían.

Virginia era hija de un alto funcionario público de Trujillo. Instalado transitoriamente en Lima como senador de su departamento, habitaba los altos de la casa con toda su familia.

Rayando en la aurora de los diez y ocho años, dotada de una cutis blanca como el alabastro, Virginia poseía una belleza suprema al mismo tiempo que dulce y simpática. La regularidad de sus facciones era acabada, y había alrededor de toda su persona como una atmósfera de luz y de armonía. Por la dulzura ingenua de sus sonrisas y por sus frases sentimentales se adivinaban los tesoros escondidos de entusiasmo, de bondad y de ternura que encerraba su corazón.

Cuando la bella joven provinciana acababa de tocar el piano, tomaba entre sus manos las del niño y le contaba con una gracia encantadora una de esas historietas que hacen sufrir, estremecer y llorar a los seres inocentes de la edad de Ricardo. Otra veces eran anécdotas infantiles y chistosas sin otro objeto que el de hacerlo reír par admirar su rostro de ángel en la plenitud de la animación. Ricardo reía con el abandono de la infancia, y Virginia contemplaba, cada vez más extasiada, los dos arcos de perlas diminutas, iguales y centellantes que resaltaban tras de sus labios como engastadas en dos círculos de coral.

La joven besaba al niño en la frente, se levantaba y salía.

Ricardo la acompañaba hasta el corredor, y solo volvía a entrar cuando Virginia había acabado de subir la escalera y desaparecido a sus ojos.

¿Qué pasaba en ese instante en el alma del niño?

¿Os acordáis de vuestra infancia? ¿Habéis sido uno de esos niños tímidos, reconcentrados y contemplativos, o uno de esos chiquillos locos y aturdidos que, al entrar en la vida, parecen poseídos del vértigo de las primeras impresiones? ¿No habéis sentido en vuestros años de inocencia la atracción vaga y misteriosa de la mujer? ¿Niños no habéis amado como niños? ¿No visteis jamás penetrar en casa de vuestros padres una mujer de facciones virginales, de líneas de estatua, vestida de blanco, coronada de rosas, serena, majestuosa y radiante como una visión de los cielos? ¿Impulsados por la curiosidad no fuisteis a tocar sus vestidos con vuestra propia mano como para convenceros de si era una mujer igual a todas las demás? ¿No presentisteis en esos instantes algo de lo que habéis sentido después? ¿No os dijisteis de una manera vaga e indefinida que vuestra mayor felicidad, cuando fuerais hombres, sería la de pasar toda vuestra vida al lado de esa aparición sobrehumana? ¿No balbuceasteis tímidamente este pensamiento al oído de una antigua criada de la casa que sonrió de vuestra confidencia y se burló de vuestra ingenuidad? ¿Su figura no quedó grabada en vuestra mente como una sombra de esos países y campos encantados de que se habla a los niños? ¿No os asaltaba su recuerdo y no la recordabais con ternura? ¿Niños, habéis amado como niños?

La candorosa simpatía de Ricardo por Virginia había comenzado de la manera siguiente.

La familia trujillana estaba invitada una noche por la mujer del negociante para ir al teatro. A la hora señalada la familia bajó en grupo para reunirse a su amigo y entró en el principal.

Ricardo jugaba en el patio. Al ver pasar este grupo de personas cubiertas de bellos adornos y de vestidos ricos y brillantes, se quedó deslumbrado y sorprendido. Por curiosidad y por admiración el niño entró con la familia hasta el dormitorio de su madre.

Virginia se colocó ante el gran espejo de un ropero para arreglarse con más armonía el sencillo collar que adornaba su cuello de Venus. Dos luces, colocadas a los extremos, iluminaban su rostro con plena claridad.

Ricardo se encontraba detrás de ella y se había quedado contemplando en una actitud de éxtasis la imagen de la bella provinciana reflejada en el espejo. Un momento después se acercó a ella y tomando uno de los pliegues de su vestido, sin saber lo que hacía, le dijo con un acento lleno de gracia, de ternura y de humildad infantil:

-¡Qué linda estás, Virginia! ¿A dónde vas?

El tono indefinible con que fueron pronunciadas estas palabras produjo el estallido de una carcajada unánime.

Virginia desprendió su vestido de la mano del niño y le contestó con dulzura:

-Vamos al teatro.

Cuando Ricardo se acostó esa noche, preguntó a la criada que le acompañaba qué cosa era el teatro. La pobre criada, que tampoco lo sabía, le habló de un lugar resplandeciente de belleza donde se oía una música celestial.

Impresionada por esta descripción maravillosa y sin forma, el alma de Ricardo comenzó a soñar y a sentir, con ese desvarío absoluto y lúcido de que solo es capaz la imaginación de un niño. Con los ojos fijos en el cielo de su lecho y como si se hubiera hallado lejos del mundo y en las alturas del espacio, Ricardo vio abiertos ante sí firmamentos radiantes e iluminados por prismas de colores; presentándosele todo de una manera confusa y extraña, quedó absorto ante risueñas perspectivas cuyos paisajes cambiaban a cada instante; el niño se encontraba bajo las mismas impresiones que el hombre que, después de un día de borrasca en las soledades del mar contempla, al caer la tarde, los vivos matices, los informes dibujos, y el movimiento majestuoso de las nubes en la bóveda del occidente; misteriosas y divinas armonías llegaban a sus oídos; nubes de armiño, deslizándose lentamente, llevaban sobre sí fantásticos grupos de danza que se destacaban con suaves coloridos en el fondo azul de los cielos; hermosas ninfas, medio cubiertas por arreboles de oro y coronadas de rosas, pasaban cantando y vaciaban en el espacio cestos de flores que al caer se convertían en estrellas.

Esta vaga idealización del teatro no era en realidad más que la idealización del lugar en que Virginia debía encontrarse en ese instante, o mejor dicho; era una apoteosis infantil de su imaginación a la visión divina cuyo recuerdo no podía borrarse de su espíritu.

Ricardo se quedó dormido contemplando la imagen de Virginia reflejada en el espejo del ropero.

El que quería alcanzar algo de Ricardo no tenía más que pronunciar el nombre de Virginia. El niño cesaba de murmurar, reflexionaba un instante y obedecía resignado.

Virginia cayó gravemente enferma.

Los facultativos comenzaban a temer por su vida.

Una noche -era la noche en que el peligro parecía más inminente- los médicos habían recomendado a la enferma la más completa quietud. Virginia se había adormecido. A fin de evitar todo ruido en torno suyo, todas las personas de la familia se habían alejado del dormitorio reuniéndose en la sala.

Eran las doce de la noche. Los padres de Ricardo habían salido a hacer algunas visitas, y antes de recogerse subieron par informarse del estado de Virginia.

Tanto ellos como la familia del senador se dirigieron a la habitación en que la enferma dormía. Al llegar a ella abrieron la puerta suavemente. Una luz cubierta por una pantalla iluminaba la habitación con una tenue claridad.

Al pie de la cama había un sillón en el cual se distinguía como el bulto de una persona.

Era Ricardo que velaba a la enferma, pero que, en lugar de velar, se había quedado dormido recorriendo los grabados de un libro.

Virginia despertó y contó sonriendo lo que había pasado.

El niño había entrado de puntillas. Una vez cerca de la cama, se quedó examinando si la enferma dormía. En seguida llevó la mano a la frente de la joven, y creyéndola completamente aletargada, la beso en la mejilla repetidas veces, y Virginia abrió los ojos.
Sintiéndose turbado, él le ofreció cariñosamente de beber y fue a sentarse en el sillón.

Los padres llegaron a alarmarse.

Desde ese día se adoptaron en la casa las medidas más severas par alejar de la idea de Ricardo todo lo que pudiera alimentar ese apasionado sentimiento por Virginia, casto, risible e inocente, pero raro y prematuro en un niño.

Bella, simpática, de una educación esmerada y con un corazón de diez y ocho años, Virginia amaba y era amada.

En los salones de la aristocracia limeña había encontrado un distinguido joven de su provincia que concibió por ella una pasión ardiente. La hija del senador le correspondía con toda la efusión de los primeros amores.

La razón y el sentimiento hacían de los dos jóvenes dos futuros esposos recíprocamente enamorados y felices.

Las cosas no tardaron en arreglarse.

El distinguido provinciano poseía en su país natal algunas propiedades que reclamaban su presencia.

Poco tiempo después se casaron, y el mismo día de su matrimonio Virginia y su marido partieron para Trujillo.

Por una imprudente precaución, tal vez exagerada, tal vez inútil, los padres de Ricardo le habían ocultado todos los preliminares de este acontecimiento.

La noche en que, al volver del colegio, se impuso Ricardo del matrimonio de Virginia, y más que todo, de su súbita desaparición, su llanto fue desesperado y sus gritos de dolor no encontraron consuelo.

Pero sus sufrimientos no fueron ni de una hora ni los de un niño.

Ese llanto se prolongó durante algunos días por accesos frecuentes.

Ricardo se volvió pensativo. Su carácter tomó cierta tendencia a la tristeza, sus movimientos de expansión y de júbilo desaparecieron, y hasta en sus sonrisas se veía una expresión de amargura.

Pocos días después, los síntomas de una enfermedad mortal vinieron a aterrar el corazón de los padres.

Ricardo comenzó a caer al suelo repentinamente y sin sentido.

¡Pobre madre!

Era una dulce mañana del mes de abril.

Yo había salido de Chorrillos a caballo.

La grata frescura de la mañana, el deseo de gozar de la verdura y de la sombra de los árboles, y más que todo, la intención de comprar algunas flores me habían conducido en la dirección de los tranquilos huertos de Surco.

Al llegar al pueblo recordé que un amigo me había dicho que la familia del rico comerciante italiano X... se encontraba allí. Mi primer pensamiento fue el de hacerme indicar la casa en que vivía.

Al entrar en el patio de la casa noté que en el interior reinaba una profunda quietud.

Cuando hube bajado del caballo y me dirigí hacia la puerta de la sala, vi levantarse para recibirme un hombre vestido de luto.

Jamás olvidaré ese instante.

El señor X... se llegó a mí conmovido y con los ojos empañados por las lágrimas.
Después de estrecharme la mano en silencio, señaló a su mujer que lloraba en un ángulo del sofá.

El rostro pálido y desencajado de la señora revelaba el dolor y las vigilias recientes.

Todo esfuerzo para luchar con el destino había sido inútil. La muerte lenta y esperada había devorado su presa. Ricardo acababa de ser sepultado esa mañana misma en el cementerio del pueblo.

En las horas de delirio que habían precedido a la agonía, lo mismo que durante toda la enfermedad, el nombre sentido de Virginia había venido repetidas veces a los labios del desdichado niño.

Los médicos declararon que Ricardo había muerto de una hipertrofia al corazón.

La tristeza de ese cuadro y la melancolía de la muerte se apoderaron de mi espíritu. La sensibilidad del hombre sería una palabra vana si las emociones de este género pudieran sufrirse sin que el llanto desbordara involuntariamente.

La madre me contó, con la voz entrecortada por los sollozos, la historia que acabo de relatar.

Yo había oído referir a algunos amigos míos, en el colegio, que a los siete u ocho años habían estado perdidamente enamorados. Diciéndome a mí mismo que querían aparentar sentimientos absurdos, siempre había reído de ellos interiormente.

Pero ante esta relación de una madre que lloraba sobre la fosa apenas cubierta de un hijo, me sentí impresionado.

Yo me pregunté si la naturaleza, que presenta fenómenos de precocidad en todo, no podía presentar el de la precocidad de sentimientos. Hay niños en que se ven milagros de inteligencia prematura: hay hombres precoces para las malas pasiones y para todos los vicios.

¿Por qué ha de hacer una excepción la naturaleza con el sentimiento más tierno, más espontáneo y más santo del corazón humano?

Yo no olvidé mis flores.

Pero en lugar de llevarlas a Chorrillos, fui a regar con ellas la fosa de Ricardo.

Antes de alejarme de ella, me arrodillé y deshojé las últimas rosas blancas que me quedaban en la mano sobre su cruz funeraria.

                                                                                   FIN





PEDRO PAZ SOLDÁN Y UNANUE

(1839 - 1895)



Fue un poeta, literato y periodista peruano, verdadero fundador de la lexicografía peruana con su Diccionario de peruanismos (1883 - 84). Satírico de las costumbres de sus contemporáneos y feroz crítico de otros escritores, fue conocido por el humor y el criollismo de sus escritores.

Fue también diplomático e historiador, así como traductor de Virgilio y Lucrecio y profesor de literatura y de griego en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su seudónimo era JUAN DE ARONA. Originariamente fue el nombre de la hacienda que heredó de su abuelo materno José Hipólito Unanue y Pavón, ubicada en Cañete. La hacienda azucarera parece que recibió ese nombre en alusión a la localidad española de Arona, que es un municipio de las Islas Canarias.

OBRAS:
POESÍAS:
  • Ruinas (1863)
  • Ensayos poéticos (1850)
  • La Matrona de Éfeso (1872)
  • Canción de los bomberos de Lima (1866)
  • Los Médanos. Poema pentasílabo (1883)
  • Sonetos y chispazos (1885)
  • Canto a Lesseps (1886)
  • La venganza de la muerte (1886).- poema filosófico)
  • Las sombras inmortales de la patria (1890) 
  • Poesías completas (1976)

  



ENSAYOS Y CRÍTICA:
  • Estudios Literarios (1867)
  • La España tetuánica y la pinzonada (1867)
  • La inmigración en el Perú (1891)
  • Cuadros y episodios peruanos (1867)
  • Vivir es defenderse. Dificultades de Basilio a través de la vida limeña y Diario de un pensador (1884)
  • Memorias de un viajero peruano: apuntes y recuerdos de Europa y Oriente (1859 - 1863). 



TEATRO:
  • El intrigante castigado (1867).- comedia de costumbres. Original y en verso, escrita en dos actos.
  • Más, menos, y más ni menos. Juguete cómico en un acto y en verso (1970)
  • Los Rotonautas (1880)

VARIOS:
  • Páginas diplomáticas del Perú (1891)
  • Diccionario de peruanismos (1882)
  • La Línea de Chorrillos (1894).-descripción de los tres principales balnearios marítimos que rodean a Lima.

  



TRADUCCIONES:
  • Virgilio, Geórgicas (1867)
  • Poesía latina, traducciones (1883)

 


COLABORACIONES:
  • El chispazo periódico aparecido entre octubre de 1891 y junio de 1893.




DICCIONARIO DE PERUANISMOS

Haz clic sobre el título: Diccionario de Peruanismos y hallarás el diccionario completo de Pedro Paz Soldán y Unanue.
 






RETO:


En una hoja bond, realiza lo siguiente:

1.- Elabore un resumen sobre la vida de Carlos Augusto Salaverry y su fotografía.
2.- Elabore un resumen sobre la vida de Manuel Ricardo Palma Soriano y su fotografía.
3.- Elabore un resumen sobre la vida de Manuel Nicolás Corpancho y su fotografía
4.- Elabore un resumen sobre la vida de José Arnaldo Márquez y su fotografía.
5.- Elabore un resumen sobre la vida de Luis Benjamín Cisneros y su fotografía.
6.- Elabore un resumen sobre la vida de Pedro Paz Soldán y Unanue (Juan de Arona) y su fotografía.

RECUERDA:
Éste trabajo lo guardarás en un folder que será el portafolio donde archivarás las evidencias de tu trabajo y tus aprendizajes.






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