ALIENACIÓN
(Julio Ramón Ribeyro)
A pesar de ser zambo y de llamarse López quería parecerse cada vez menos a un zaguero del Alianza Lima y más a un gringo de Filadelfia.
La vida le enseñó con los años que para triunfar en una ciudad colonial debía saltarse los pasos intermedios y antes que parecer un blanquito de aquí, debía parecer un gringo de allá.
Durante todo el tiempo que lo conocí, se dedicó a deslopizarse, deszambarse y americanizarse antes que le cayera el huaico encima y lo convirtiera para siempre, en un conductor de colectivo o un portero de banco. Para eso tuvo que matar al peruano que llevaba dentro y copiar cada cosa que veía en los gringos que conocía.
Pero, no nos adelantemos. Precisemos que se llamaba Roberto, que años después se le conoció por Boby, y que en los últimos documentos oficiales figura con el nombre de Bob. En su vertiginosa ascensión hacia la nada fue perdiendo en cada etapa de su vida una sílaba de su nombre.
Todo empezó una tarde, en que los blanquiñosos del barrio nos juntamos a jugar pelota en la Plaza Bolognesi, eran las vacaciones y los muchachos de los chalets vecinos, nos juntábamos a ver, que hacíamos en esas interminables tardes de verano. Roberto también venía a la plaza a pesar de ser de un colegio fiscal y no vivir en un chalet sino en el último callejón del barrio.
Venía a ver jugar a las muchachas y a ser saludado por algún blanquiñoso que lo había visto crecer y que sabía que era hijo de la lavandera.
Pero sobre todo, Roberto venía a ver a Queca. Todos estábamos enamorados de Queca, que había sido elegida por segundo año consecutivo reina en la representación de fin de curso.
Fue, una fatídica bola, la que alguien arrojó esa tarde y que Queca no llegó a alcanzar y que rodó hacía la banca donde Roberto, solitario observaba. ¡Era la ocasión que esperaba desde hacía tanto tiempo! De un salto aterrizó en el césped, gateó entre los macizos de flores, saltó el seto de granadilla, metió los pies en una acequia y atrapó la pelota que estaba a punto de meterse bajo las ruedas de un carro. Pero, cuando se la alcanzaba, Queca, que ya estiraba los brazos, pareció cambiar de lente y ver algo que nunca había mirado: un ser retaco, oscuro, bembudo y de cabello ensortijado, algo que no le era del todo desconocido, pero que había visto tal vez alguna vez como quien mira una banca o un ficus y se apartó aterrorizada.
Roberto no olvidó nunca la frase que pronunció Queca, al alejarse a la carrera: "Yo no juego con zambos". Estas cinco palabras decidieron su vida.
Todo hombre que sufre se vuelve observador y Roberto siguió yendo a la plaza, pero su mirada había perdido su inocencia. Ya no era el reflejo del mundo sino un órgano vigilante que cala, elige y califica.
Queca había ido creciendo, el trato con la pandilla se volvió más distante y selectivo. Todo eso lo notamos nosotros, pero Roberto vio algo más: que Queca tendía a descartar de su atención a los más trigueños, a través de sucesivas comparaciones.
Roberto perdió el trabajo por sus extravagancias. Pero, con el nombre de Boby López, pudo matricularse en el Instituto Peruano-Norteamericano y así adquirir el idioma inglés, todo gracias a su esfuerzo constante y a la beca que recibió. Aquí es donde conoce a José María Cabanillas, quien pensaba como él y se hacen muy buenos amigos.
Roberto y José María deciden viajar a los Estados Unidos para americanizarse y buscar nuevas oportunidades.En tierras gringas, postulan a un trabajo, el cual no lo reciben.
Entonces decide, antes que los puedan deportar, presentarse a la guerra que estaba auspiciando el país norteamericano en el medio oriente, así mismo se dan cuenta que éste país le abre su corazón a todo el que se presenta como voluntario. Después de tres meses de entrenamiento en un cuartel partieron en un enorme avión.
En esta guerra Bob, muere de una bomba en la cabeza y su amigo José María pierde su brazo. La madre de Bob muere de tristeza, y no recibe la pensión de su hijo, mientras que su amigo tiene el dinero, pero, es inválido.
Por otra parte Queca, que se casó con un norteamericano, Billy Mulligan, éste sólo le dio de todo los primeros meses, luego, empezó a golpearla y a insultarla.
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